Rowan Wibson comenta en Innovation Excellence que muchos altos ejecutivos todavía confían en que la innovación surja por un  repentino flash de inspiración, y no asocian la generación de ideas con todo un proceso de elaboración. La mayoría de grandes empresas carecen de una teoría de la innovación que se traduzca en una metodología práctica para la producción de grandes ideas.

Este comentario me llevó a reflexionar sobre mis propias experiencias de innovación en relación con el desarrollo de emprendimientos, fundamentalmente de base tecnológica. Si hay algo obvio en este tipo de empresas, es que la innovación es -o debería ser- un factor fundamental en su origen o desarrollo. Sin embargo, no es tan evidente el concepto, no por su definición conceptual, en la que no entraré, sino por el modo en que aparece en la realidad.

Por ejemplo, en mi Provincia, Mendoza, el tema del riego es ancestral, como es común en todas las regiones andinas que dependen del agua de deshielo para su subsistencia. Desde épocas incaicas (lo conocí en Perú), se usaron sistemas de distribución, reserva y aprovechamiento de los caudales hídricos en función de las características y necesidades de su región. Se construyeron canales, esclusas, compuertas, cañerías, piletas, que, en muchos casos, son obras maestras de innovación e ingenio. Hoy se siguen buscando alternativas tecnológicas que aminoren la criticidad de la escasez de agua de deshielo y aumenten la eficiencia de su uso. Muchas son proyectos emprendedores e integran saberes ancestrales y comunitarios con nuevos materiales o tecnología de control. Esto es innovación, sin dudas.

Por supuesto, si vemos cómo funcionó la innovación en el Silicon Valley, que es un caso relativamente válido a los efectos de su recreación en otros ámbitos espaciales y temporales, pero que vale como un ejemplo notorio que permite visualizar los elementos virtuosos, y su incidencia, se puede llegar a la conclusión de que es algo muy diferente..

A mi ver, lo del agua de riego tiene más que ver con lo que son nuestras innovaciones cotidianas, incrementadas por saberes y experiencias propios, pero que tienen mucho que ver con el sentido común y la observación, y sobre todo, con la necesidad de solucionar algún problema o mejorar el modo en que vivimos. Ese es el disparador del ingenio y la creatividad de la mayoría de la gente, aunque no tenga instrucción.

Entonces, ¿dónde reside la clave para que la innovación sea una parte fundamental del proceso emprendedor? Porque en los ámbitos y/o estrategias nacidas para procurar que nazcan, crezcan y se desarrollen nuevas empresas, como las Incubadoras o Aceleradoras, u otros engendros semejantes, se hace de todo: charlas, se traen expositores, se organizan focus groups, juegos, y toda una inagotable parafernalia, estimulada en gran parte, por los que viven de esto. Los resultados son bajos, y parte de mis dificultades y enfrentamientos con algunas personas, fue mi parecer que teníamos que engendrar y desarrollar más empresas reales, que facturen, que planes de negocios brillantes.

Creo que quienes logren una real motivación, como la que tienen los emprendedores de verdad, los que venden el auto y andan en bondi para seguir con su empresa en los momentos de crisis, encontrarán las soluciones innovadoras que su emprendimiento requiere, ya sea para nacer o desarrollarse.

Es cierto lo que dice Wibson de las grandes  empresas, pero mi blog no tiene como objetivo esas empresas, porque ya son grandes, porque sus metas son hacerse más grandes, eliminar la competencia, y desarrollar monopolios y corporaciones. Necesitamos empresas de otra envergadura, en el marco de un sistema más justo y solidario.

Por eso, escribo para los que quieren vivir de su propia empresa, ser sus propios jefes, crear riqueza y trabajo: aunque sea un proceso duro, a ellos les digo: motívense para tener éxito, estudien, piensen, integren equipos, laburen mucho, mucho, y tendrán toda la innovación que necesitan.