CINCO COSAS DE LA VIDA, DE LAS QUE ME DI CUENTA ESTE AÑO

CINCO COSAS DE LA VIDA, DE LAS QUE ME DI CUENTA ESTE AÑO

Por Mo Seetubtim

https://www.grandespymes.com.ar/2020/06/24/5-cosas-de-la-vida-de-las-que-me-di-cuenta-este-ano-2/

  1. La vida es acerca de ensayo y error

Cuando eres un adolescente, sientes que buscar quién eres es el cambio mental clave en tu vida.

Buscas establecer tu identidad y determinar qué te gusta y qué no te gusta. Piensas que cuando seas más viejo, estarás más seguro acerca de quién eres, qué haces y qué debes hacer. Pero cuando envejeces, te das cuenta que aún estás buscando y no estás muy de acuerdo con los resultados que vas obteniendo.

Cambias de trabajo. Te mudas de ciudad, o hasta de país. Tus relaciones se derrumban para renacer con otra pareja nueva. Buscas algo que hacer, y pones todo tu empeño en ello. Puede ser que fracases, pero sigues hacia adelante.

Todos están tratando de averiguar qué hacer con su vida, así como tú lo estás haciendo. Aun los que parecen estar seguros de todo, están tan confundidos e inseguros como tú. Sólo que pretenden que todo está bien.

Algunas personas se avergüenzan de mostrar signos de incertidumbre, pensando que es mostrar sus vulnerabilidades y debilidades. Otras personas están abiertas a un camino de ensayo y error, creyendo que los llevará a encontrarse a sí mismos a medida que vayan avanzando.

Cualquiera que sea el camino que tomes, debes estar en cuenta que a medida que envejeces, aún vas a tener que resolver tus asuntos a medida que se vayan presentando, y que no sabes realmente cuál es tu destino final. Podrías pensar que no es cierto, y que sabes lo que quieres hacer y lo sabes lo que estás haciendo.

Pero no, muy dentro de ti sientes incertidumbre y no estás seguro, pero no demuestras lo que sientes. Puedes pensar que a medida que envejeces estarás más seguro y sabrás exactamente qué estás haciendo, pero no siempre es así.

Tus padres, a quien veías como seguros de lo que estaban haciendo, seguramente estarán tan confundidos como tú. Aún estarán pensando en cuándo deben retirarse y qué van a hacer al retirarse. Seguro que estarán asustados por las enfermedades que les están apareciendo y las que aún falta por aparecer.

Algunos están buscando a un nuevo amor que reemplace el viejo amor que ya se acabó, y estarán probablemente más confundidos que tú acerca de las relaciones, del amor, de la vida.

Cuando te das cuenta de que la vida es ensayo y error, y que seguirá siendo así, aceptas con más facilidad a la vida y a las circunstancias que vida te ofrece. No importa lo que entre en tu vida, a la larga se irá. No importa lo que decidas hacer, hará crecer a tu corazón, o te lo encogerá. Vives y aprendes. No importa cuál sea el riesgo que vayas a tomar, tu estarás bien.

En vez de tratar de sentir certidumbre acerca de tu vida, aprendes a vivir con la incertidumbre. Porque una vez que lo haces, te sentirás seguro acerca de ti y de tu vida. Después de todo, es lo único constante en la vida.

Entonces: arriésgate… porque no importa si te equivocas. Es sólo otro error. Puedes probar de nuevo.

  1. La vida tiene su ritmo

¿Has escuchado el dicho de “todo a su debido tiempo”? Bueno, a medida que vas envejeciendo te das cuenta que no puedes obligar al tiempo. La vida tiene una manera de presentarse, a su propio ritmo. La vida tiene sus ritmos propios y naturales.

Cada pequeña cosa en la vida te está preparando para algo más grande. Esos logros que tuviste en la escuela te ayudan a tener confianza en ti mismo y aumenta tu autoestima. Los cargos que tuviste cuando estabas recién graduado te prepararon para los cargos más elevados, a pesar de sentir que estabas llevando a cabo tareas sin importancia la mayor parte del tiempo. Las personas que fueron tu pareja en alguna oportunidad de permitieron irte conociéndote, saber lo que quieres y lo que no quieres, y con que eres compatible.

La vida tiene su propio ritmo. Puedes tenerlo todo, pero no todo a la vez. Y si no te mantienes enfocado, puede que no tengas nada.

 La vida tiene su propia energía

Todos quieren ser felices. En el camino a la felicidad, quieres entender quién eres, dónde estás parado, cuál es tu naturaleza, y cuáles son tus intereses y pasiones. Cuando puedes hacer lo que haces de una manera natural e innata, así sea en trabajos manuales, en hobbies o en actividades al aire libre, te sientes que estás vivo.

Desafortunadamente, muchas personas no se permiten ir al ritmo de la vida. Quieren ir en dirección contraria. Esas personas pueden estar trabajando arduamente para conseguir alguna meta, quizás un éxito académico o profesional. Pero no siguen al ritmo, y ponen de lado su amor natural y sus pasiones para poder alcanzar la meta.

No han dejado que la vida fluya a su propio ritmo y con su propia energía. Como resultado de ello, se sienten estresados, cansados y agotados, lo que los lleva a encontrar algo que los ayude a recuperar su estado normal de energía. Algunos hacen deportes, meditación, yoga, y otros consumen alcohol moderadamente. Otros, han perdido sus almas por el abuso del alcohol, apuestas, cigarros y drogas.

La vida tiene su propia energía, y cuando el flujo de energía se bloquea o se abusa de ella, te sientes estresado y perdido.

Sientes que necesitas control. Y algunos cuando se encuentran con personas con malas influencias, se sienten que están en control nuevamente, que pueden controlar lo que sienten. Sin embargo, sin importar cuán bien te hace sentir el apoyo emocional, el confiar tus emociones y tu energía sobre esas personas sólo te llevará a perder el control de ti y de tu vida aún más.

  1. La vida es más fácil cuando puedes manejar mejor tus emociones

En los primeros años de tu vida adulta, puedes sentir que aún estás buscando quién eres y que la vida se hará más fácil cuando seas mayor.

Sin embargo, a medida que vas envejeciendo te das cuenta que la vida no se hace más fácil. De hecho, lo que se hace más fácil es el manejar tus propias emociones, a medida que se va desarrollando tu fuerza de voluntad.

Mi papá siempre me decía…

Todos nacen con la habilidad de ser exitosos. Pero en el camino al éxito, los obstáculos y retos que cada quien tiene que enfrentar son sus propias emociones. La habilidad de manejar tus emociones y desarrollar autodisciplina es lo que determinará si serán o no exitosos.

Por otro lado, la vida se hace más fácil cuando eres más positivo y más resiliente, es decir, cuando sabes cómo recuperarte de los fracasos en la vida, combatir pensamientos negativos, mantener la calma en situaciones irritantes, y dejar ir a la gente mala a quien amaste.

Tener autodisciplina no es fácil. Requiere mucho autocontrol.

Cuando vives tu vida a su ritmo, cuando haces las cosas que te encantan y te apasionan, en la que eres bueno de manera innata y te mueves a tu propio ritmo natural, no sientes que que necesitas apoyarte en algo para recuperar tu energía. Sólo fluyes. Te sientes con energía. Te sientes con pasión, y trabajas más arduamente hacia tu meta porque tu pasión te motiva intrínsecamente. Te sientes feliz.

  1. La meta final de la vida no es encontrar la felicidad

La meta en la vida no es la búsqueda de la felicidad. De hecho, todo lo que tienes que hacer es dejar de tratar de encontrar la felicidad y simplemente ser feliz.

Cuando sientas que tu estado actual no es suficientemente bueno para ti, y no estás feliz, entonces empieza a buscar en otro lado. Y entonces tu búsqueda de felicidad se hace eterna y te preguntas por qué no eres feliz.

Todo empieza con la aceptación. Aceptarte a ti mismo, a tus circunstancias y a tus situaciones.

La vida nunca será perfecta. Pero la vida parecerá perfecta cuando has aceptado que la vida no es perfecta. La felicidad viene cuando aceptas la imperfección, los defectos, los momentos buenos y los momentos malos, y al disfrutar esos momentos en la vida.

Todo pasa. Las cosas buenas pasan y se van. Las cosas malas pasan y se van. Sólo acepta la vida como es. Haz los ajustes y adáptate a las situaciones que se te presenten.

Si estás corto de dinero en este mes, gasta menos. Si odias tu trabajo, renuncia y busca otro trabajo. Si tu pareja abusa de ti, termina la relación. Si te enfermas mucho, empieza a hacer ejercicios y a comer una dieta saludable.

Conclusión

La vida no está hecha para ser perfecta, ni para ser fácil. La vida es un juego, Y tú eres el jugador. Y los jugadores se enorgullecen de su habilidad para alcanzar retos.

Puede que no te des cuenta, pero constantemente buscamos retos para nosotros mismos para poder avanzar hacia adelante, ya sea escalando en nuestra profesión, comprando un carro, comprando una casa, mudándote de ciudad o de país, teniendo un hijo, empezar tu propio negocio, invertir en negocios, aprendiendo otro idioma, o simplemente haciendo triatlón.

La vida tiene su propio ritmo. Encuentra tu propio ritmo. Haz las cosas en las que eres bueno. Y deja que la vida tome su curso.

Fuente https://escuelapararicos.net/5-cosas-la-vida-las-me-di-cuenta-este-ano

VIVIMOS EN LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO, SEGÚN EL FILÓSOFO BYUNG-CHUL HAN

VIVIMOS EN LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO, SEGÚN EL FILÓSOFO BYUNG-CHUL HAN

https://www.grandespymes.com.ar/2020/06/19/vivimos-en-la-sociedad-del-cansancio-segun-el-filosofo-byung-chul-han/

“La sociedad del cansancio” es uno de esos libros que debemos leer, sí o sí. Escrito por el filósofo surcoreano afincado en Alemania Byung-Chul Han, presenta una visión alternativa e interesante de la sociedad en que vivimos para ayudarnos a bucear en nuestro interior y descubrir esos lazos apenas perceptibles pero muy fuertes que nos atan, dictan muchas de nuestras decisiones y, al final, determinan nuestra vida.

¿CÓMO EL EXCESO DE POSITIVIDAD NOS ESCLAVIZA?

Cada época y sociedad tiene sus propios patrones de pensamiento, que inculca a sus miembros con letra de fuego. No podemos escapar a ellos. A menos que hagamos un ejercicio consciente de análisis y reflexión nos determinarán durante toda la vida porque se han convertido en los márgenes que limitan nuestro pensamiento, fuera del cual ni siquiera concebimos posible la realidad.

Nos ha tocado vivir en la sociedad del “Yes, you can”, una sociedad que afirma que todos podemos llegar hasta donde nos propongamos solo con esforzarnos. Vivimos en una época en la que la Psicología Positiva se ha popularizado y tergiversado, limitándose a una serie de frases motivadoras sin mucha sustancia que transmiten un mensaje claro: “¡Tú puedes!”.

Han indica que “la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman ya ‘sujetos de obediencia’, sino ‘sujetos de rendimiento’. Estos sujetos son emprendedores de sí mismos”.

Ese cambio, que aparentemente empodera y resulta liberador, en realidad se convierte en un boomerang que no tarda en golpearnos con toda su fuerza porque esconde un gran riesgo psicológico del que no somos conscientes.

La violencia de la sociedad sobre sus miembros no ha desaparecido, sino que se ha camuflado y ahora se basa en la autoexplotación del sujeto: “Ésta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es el mismo explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta autoreferencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa, de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia […] En esta sociedad de la obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados”.

Básicamente, nuestra sociedad sería el perfeccionamiento de las sociedades disciplinarias y controladoras del pasado, pero en realidad no implica más libertad, sino que sigue ejerciendo su poder sobre cada persona a través de la introyección del “deber”. Esa situación nos convierte en esclavos de la superproducción, el superrendimiento (laboral, lúdico y sexual) o la supercomunicación.

EL CANSANCIO DEL “YO”

El ejemplo más emblemático de los problemas que causa esa presión social por el rendimiento es la depresión. Este filósofo piensa que “en realidad, lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna.

“El hombre depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima […] La depresión se desata en el momento en el que el sujeto de rendimiento ya no puede ‘poder más’ […] El deprimido está cansado del esfuerzo de devenir él mismo”.

El problema es que “no-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión”. Cuando nos damos cuenta de que no podemos lograr todo lo que nos proponemos nos sentimos frustrados, pero no pensamos que la sociedad nos ha engañado, sino que nos autoinculpamos, sintiendo que somos incapaces.

No comprendemos que hemos caído en la trampa de la que nos alertaba Zygmunt Bauman: buscar soluciones biográficas a lo que son problemas estructurales y sistémicos de la sociedad. Así se cierra a nuestro alrededor un círculo de insatisfacción que, si no estamos atentos, podríamos arrastrar por toda la vida.

¿CÓMO SALIR DE ESE CÍRCULO VICIOSO?

Han da una pista en “La sociedad del cansancio”: “La sociedad de rendimiento está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje […] El exceso de positividad se manifiesta como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos”.

Por tanto, una de las claves para salir de ese círculo vicioso es la “inmersión contemplativa”, hacer un alto en nuestra obsesión con la productividad y los logros personales para dejar paso al dolce fare niente, al aburrimiento y a la plena presencia. No se trata de descansar para ser más productivos sino descansar por el simple placer que ello genera. Se trata de reconectar con lo esencial, de aprender a disfrutar más y exigirnos menos. Se trata de no olvidar que “El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma”.

Fuente https://rinconpsicologia.com/la-sociedad-del-cansancio-byung-chul-han/

 

PASCUA DE RESURRECCIÓN: ÉL VIVE, Y NOSOTROS CON ÉL

Soy uno de los tantos católicos argentinos, que cumplen formalmente los sacramentos, pero cuya vida no tiene en cuenta lo que esa fe supone, aunque siempre me interesó lo espiritual.

Como Profesor, empecé a trabajar en una Escuela católica, de los Misioneros de la Consolata, allí me invitaron a participar de los Cursillos de Cristiandad. Fue una experiencia conmocionante, que me llevó a practicar el culto con mucho fervor. Aunque el Cursillo no me interesó para participar de sus actividades, seguí profundizando mi fe y mi conocimiento del tremendo significado de vivir en Cristo. Me involucré en actividades misioneras porque comprendí que ese era el llamado que significaba ser parte de la Iglesia Peregrina. También hice estudios formales de materias teológicas, y hasta llegué a escribir algún artículo sobre estos temas.

Después fui buscando otros modos de espiritualidad, dejé de participar regularmente en el culto, pero siempre fui católico militante.

En este proceso el papado de Francisco tuvo un enorme significado para mí, porque significó un reverdecer de esa Iglesia de la que enamoré después del Concilio Vaticano II: la que se enfocó en ser “la opción de los pobres”. Por eso, sigo su apostolado y sus directivas.

Dentro de todo este proceso personal, la Pascua de Resurrección fue siempre una etapa central en mi vida religiosa: porque Jesús es el Resucitado, y con él resucitó la humanidad.

Me llegó el texto de la Homilía de Francisco en la misa de la Vigilia Pascual. Me pareció una buena manera de decirle Felices Pascuas al que me lea.

Felices Pascuas.

ÉL VIVE

 

Homilía de Francisco en la misa de la Vigilia Pascual:

«Pasado el sábado» (Mt 28,1) las mujeres fueron al sepulcro. Así comenzaba el evangelio de esta Vigilia santa, con el sábado. Es el día del Triduo pascual que más descuidamos, ansiosos por pasar de la cruz del viernes al aleluya del domingo. Sin embargo, este año percibimos más que nunca el sábado santo, el día del gran silencio. Nos vemos reflejados en los sentimientos de las mujeres durante aquel día. Como nosotros, tenían en los ojos el drama del sufrimiento, de una tragedia inesperada que se les vino encima demasiado rápido. Vieron la muerte y tenían la muerte en el corazón. Al dolor se unía el miedo, ¿tendrían también ellas el mismo fin que el Maestro? Y después, la inquietud por el futuro, quedaba todo por reconstruir. La memoria herida, la esperanza sofocada. Para ellas, como para nosotros, era la hora más oscura.

Pero en esta situación las mujeres no se quedaron paralizadas, no cedieron a las fuerzas oscuras de la lamentación y del remordimiento, no se encerraron en el pesimismo, no huyeron de la realidad. Realizaron algo sencillo y extraordinario: prepararon en sus casas los perfumes para el cuerpo de Jesús. No renunciaron al amor: la misericordia iluminó la oscuridad del corazón. La Virgen, en el sábado, día que le sería dedicado, rezaba y esperaba. En el desafío del dolor, confiaba en el Señor. Sin saberlo, esas mujeres preparaban en la oscuridad de aquel sábado el amanecer del «primer día de la semana», día que cambiaría la historia. Jesús, como semilla en la tierra, estaba por hacer germinar en el mundo una vida nueva; y las mujeres, con la oración y el amor, ayudaban a que floreciera la esperanza. Cuántas personas, en los días tristes que vivimos, han hecho y hacen como aquellas mujeres: esparcen semillas de esperanza. Con pequeños gestos de atención, de afecto, de oración.

Al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro. Allí, el ángel les dijo: «Vosotras, no temáis […]. No está aquí: ¡ha resucitado!» (vv. 5-6). Ante una tumba escucharon palabras de vida… Y después encontraron a Jesús, el autor de la esperanza, que confirmó el anuncio y les dijo: «No temáis» (v. 10). No temáis, no tengáis miedo: He aquí el anuncio de la esperanza. Que es también para nosotros, hoy. Son las palabras que Dios nos repite en la noche que estamos atravesando.

En esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia. Es un don del Cielo, que no podíamos alcanzar por nosotros mismos: Todo irá bien, decimos constantemente estas semanas, aferrándonos a la belleza de nuestra humanidad y haciendo salir del corazón palabras de ánimo. Pero, con el pasar de los días y el crecer de los temores, hasta la esperanza más intrépida puede evaporarse. La esperanza de Jesús es distinta, infunde en el corazón la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida.

El sepulcro es el lugar donde quien entra no sale. Pero Jesús salió por nosotros, resucitó por nosotros, para llevar vida donde había muerte, para comenzar una nueva historia que había sido clausurada, tapándola con una piedra. Él, que quitó la roca de la entrada de la tumba, puede remover las piedras que sellan el corazón. Por eso, no cedamos a la resignación, no depositemos la esperanza bajo una piedra. Podemos y debemos esperar, porque Dios es fiel, no nos ha dejado solos, nos ha visitado y ha venido en cada situación: en el dolor, en la angustia y en la muerte. Su luz iluminó la oscuridad del sepulcro, y hoy quiere llegar a los rincones más oscuros de la vida. Hermana, hermano, aunque en el corazón hayas sepultado la esperanza, no te rindas: Dios es más grande. La oscuridad y la muerte no tienen la última palabra. Ánimo, con Dios nada está perdido.

Ánimo: es una palabra que, en el Evangelio, está siempre en labios de Jesús. Una sola vez la pronuncian otros, para decir a un necesitado: «Ánimo, levántate, que [Jesús] te llama» (Mc 10,49). Es Él, el Resucitado, el que nos levanta a nosotros que estamos necesitados. Si en el camino eres débil y frágil, si caes, no temas, Dios te tiende la mano y te dice: «Ánimo”. Pero tú podrías decir, como don Abundio: «El valor no se lo puede otorgar uno mismo» (A. MANZONI, Los Novios (I Promessi Sposi), XXV). No te lo puedes dar, pero lo puedes recibir como don. Basta abrir el corazón en la oración, basta levantar un poco esa piedra puesta en la entrada de tu corazón para dejar entrar la luz de Jesús. Basta invitarlo: “Ven, Jesús, en medio de mis miedos, y dime también: Ánimo”. Contigo, Señor, seremos probados, pero no turbados. Y, a pesar de la tristeza que podamos albergar, sentiremos que debemos esperar, porque contigo la cruz florece en resurrección, porque Tú estás con nosotros en la oscuridad de nuestras noches, eres certeza en nuestras incertidumbres, Palabra en nuestros silencios, y nada podrá nunca robarnos el amor que nos tienes.

Este es el anuncio pascual; un anuncio de esperanza que tiene una segunda parte: el envío. «Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea» (Mt 28,10), dice Jesús. «Va por delante de vosotros a Galilea» (v. 7), dice el ángel. El Señor nos precede. Es hermoso saber que camina delante de nosotros, que visitó nuestra vida y nuestra muerte para precedernos en Galilea; es decir, el lugar que para Él y para sus discípulos evocaba la vida cotidiana, la familia, el trabajo. Jesús desea que llevemos la esperanza allí, a la vida de cada día. Pero para los discípulos, Galilea era también el lugar de los recuerdos, sobre todo de la primera llamada. Volver a Galilea es acordarnos de que hemos sido amados y llamados por Dios. Necesitamos retomar el camino, recordando que nacemos y renacemos de una llamada de amor gratuita. Este es el punto de partida siempre, sobre todo en las crisis y en los tiempos de prueba.

Pero hay más. Galilea era la región más alejada de Jerusalén, el lugar donde se encontraban en ese momento. Y no sólo geográficamente: Galilea era el sitio más distante de la sacralidad de la Ciudad santa. Era una zona poblada por gentes distintas que practicaban varios cultos, era la «Galilea de los gentiles» (Mt 4,15). Jesús los envió allí, les pidió que comenzaran de nuevo desde allí. ¿Qué nos dice esto? Que el anuncio de la esperanza no se tiene que confinar en nuestros recintos sagrados, sino que hay que llevarlo a todos. Porque todos necesitan ser reconfortados y, si no lo hacemos nosotros, que hemos palpado con nuestras manos «el Verbo de la vida» (1 Jn 1,1), ¿quién lo hará? Qué hermoso es ser cristianos que consuelan, que llevan las cargas de los demás, que animan, que son mensajeros de vida en tiempos de muerte. Llevemos el canto de la vida a cada Galilea, a cada región de esa humanidad a la que pertenecemos y que nos pertenece, porque todos somos hermanos y hermanas. Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles. Que cesen los abortos, que matan la vida inocente. Que se abra el corazón del que tiene, para llenar las manos vacías del que carece de lo necesario.

Al final, las mujeres «abrazaron los pies» de Jesús (Mt 28,9), aquellos pies que habían hecho un largo camino para venir a nuestro encuentro, incluso entrando y saliendo del sepulcro. Abrazaron los pies que pisaron la muerte y abrieron el camino de la esperanza. Nosotros, peregrinos en busca de esperanza, hoy nos aferramos a Ti, Jesús Resucitado. Le damos la espalda a la muerte y te abrimos el corazón a Ti, que eres la Vida.