PASCUA DE RESURRECCIÓN: ÉL VIVE, Y NOSOTROS CON ÉL

Soy uno de los tantos católicos argentinos, que cumplen formalmente los sacramentos, pero cuya vida no tiene en cuenta lo que esa fe supone, aunque siempre me interesó lo espiritual.

Como Profesor, empecé a trabajar en una Escuela católica, de los Misioneros de la Consolata, allí me invitaron a participar de los Cursillos de Cristiandad. Fue una experiencia conmocionante, que me llevó a practicar el culto con mucho fervor. Aunque el Cursillo no me interesó para participar de sus actividades, seguí profundizando mi fe y mi conocimiento del tremendo significado de vivir en Cristo. Me involucré en actividades misioneras porque comprendí que ese era el llamado que significaba ser parte de la Iglesia Peregrina. También hice estudios formales de materias teológicas, y hasta llegué a escribir algún artículo sobre estos temas.

Después fui buscando otros modos de espiritualidad, dejé de participar regularmente en el culto, pero siempre fui católico militante.

En este proceso el papado de Francisco tuvo un enorme significado para mí, porque significó un reverdecer de esa Iglesia de la que enamoré después del Concilio Vaticano II: la que se enfocó en ser “la opción de los pobres”. Por eso, sigo su apostolado y sus directivas.

Dentro de todo este proceso personal, la Pascua de Resurrección fue siempre una etapa central en mi vida religiosa: porque Jesús es el Resucitado, y con él resucitó la humanidad.

Me llegó el texto de la Homilía de Francisco en la misa de la Vigilia Pascual. Me pareció una buena manera de decirle Felices Pascuas al que me lea.

Felices Pascuas.

ÉL VIVE

 

Homilía de Francisco en la misa de la Vigilia Pascual:

«Pasado el sábado» (Mt 28,1) las mujeres fueron al sepulcro. Así comenzaba el evangelio de esta Vigilia santa, con el sábado. Es el día del Triduo pascual que más descuidamos, ansiosos por pasar de la cruz del viernes al aleluya del domingo. Sin embargo, este año percibimos más que nunca el sábado santo, el día del gran silencio. Nos vemos reflejados en los sentimientos de las mujeres durante aquel día. Como nosotros, tenían en los ojos el drama del sufrimiento, de una tragedia inesperada que se les vino encima demasiado rápido. Vieron la muerte y tenían la muerte en el corazón. Al dolor se unía el miedo, ¿tendrían también ellas el mismo fin que el Maestro? Y después, la inquietud por el futuro, quedaba todo por reconstruir. La memoria herida, la esperanza sofocada. Para ellas, como para nosotros, era la hora más oscura.

Pero en esta situación las mujeres no se quedaron paralizadas, no cedieron a las fuerzas oscuras de la lamentación y del remordimiento, no se encerraron en el pesimismo, no huyeron de la realidad. Realizaron algo sencillo y extraordinario: prepararon en sus casas los perfumes para el cuerpo de Jesús. No renunciaron al amor: la misericordia iluminó la oscuridad del corazón. La Virgen, en el sábado, día que le sería dedicado, rezaba y esperaba. En el desafío del dolor, confiaba en el Señor. Sin saberlo, esas mujeres preparaban en la oscuridad de aquel sábado el amanecer del «primer día de la semana», día que cambiaría la historia. Jesús, como semilla en la tierra, estaba por hacer germinar en el mundo una vida nueva; y las mujeres, con la oración y el amor, ayudaban a que floreciera la esperanza. Cuántas personas, en los días tristes que vivimos, han hecho y hacen como aquellas mujeres: esparcen semillas de esperanza. Con pequeños gestos de atención, de afecto, de oración.

Al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro. Allí, el ángel les dijo: «Vosotras, no temáis […]. No está aquí: ¡ha resucitado!» (vv. 5-6). Ante una tumba escucharon palabras de vida… Y después encontraron a Jesús, el autor de la esperanza, que confirmó el anuncio y les dijo: «No temáis» (v. 10). No temáis, no tengáis miedo: He aquí el anuncio de la esperanza. Que es también para nosotros, hoy. Son las palabras que Dios nos repite en la noche que estamos atravesando.

En esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia. Es un don del Cielo, que no podíamos alcanzar por nosotros mismos: Todo irá bien, decimos constantemente estas semanas, aferrándonos a la belleza de nuestra humanidad y haciendo salir del corazón palabras de ánimo. Pero, con el pasar de los días y el crecer de los temores, hasta la esperanza más intrépida puede evaporarse. La esperanza de Jesús es distinta, infunde en el corazón la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida.

El sepulcro es el lugar donde quien entra no sale. Pero Jesús salió por nosotros, resucitó por nosotros, para llevar vida donde había muerte, para comenzar una nueva historia que había sido clausurada, tapándola con una piedra. Él, que quitó la roca de la entrada de la tumba, puede remover las piedras que sellan el corazón. Por eso, no cedamos a la resignación, no depositemos la esperanza bajo una piedra. Podemos y debemos esperar, porque Dios es fiel, no nos ha dejado solos, nos ha visitado y ha venido en cada situación: en el dolor, en la angustia y en la muerte. Su luz iluminó la oscuridad del sepulcro, y hoy quiere llegar a los rincones más oscuros de la vida. Hermana, hermano, aunque en el corazón hayas sepultado la esperanza, no te rindas: Dios es más grande. La oscuridad y la muerte no tienen la última palabra. Ánimo, con Dios nada está perdido.

Ánimo: es una palabra que, en el Evangelio, está siempre en labios de Jesús. Una sola vez la pronuncian otros, para decir a un necesitado: «Ánimo, levántate, que [Jesús] te llama» (Mc 10,49). Es Él, el Resucitado, el que nos levanta a nosotros que estamos necesitados. Si en el camino eres débil y frágil, si caes, no temas, Dios te tiende la mano y te dice: «Ánimo”. Pero tú podrías decir, como don Abundio: «El valor no se lo puede otorgar uno mismo» (A. MANZONI, Los Novios (I Promessi Sposi), XXV). No te lo puedes dar, pero lo puedes recibir como don. Basta abrir el corazón en la oración, basta levantar un poco esa piedra puesta en la entrada de tu corazón para dejar entrar la luz de Jesús. Basta invitarlo: “Ven, Jesús, en medio de mis miedos, y dime también: Ánimo”. Contigo, Señor, seremos probados, pero no turbados. Y, a pesar de la tristeza que podamos albergar, sentiremos que debemos esperar, porque contigo la cruz florece en resurrección, porque Tú estás con nosotros en la oscuridad de nuestras noches, eres certeza en nuestras incertidumbres, Palabra en nuestros silencios, y nada podrá nunca robarnos el amor que nos tienes.

Este es el anuncio pascual; un anuncio de esperanza que tiene una segunda parte: el envío. «Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea» (Mt 28,10), dice Jesús. «Va por delante de vosotros a Galilea» (v. 7), dice el ángel. El Señor nos precede. Es hermoso saber que camina delante de nosotros, que visitó nuestra vida y nuestra muerte para precedernos en Galilea; es decir, el lugar que para Él y para sus discípulos evocaba la vida cotidiana, la familia, el trabajo. Jesús desea que llevemos la esperanza allí, a la vida de cada día. Pero para los discípulos, Galilea era también el lugar de los recuerdos, sobre todo de la primera llamada. Volver a Galilea es acordarnos de que hemos sido amados y llamados por Dios. Necesitamos retomar el camino, recordando que nacemos y renacemos de una llamada de amor gratuita. Este es el punto de partida siempre, sobre todo en las crisis y en los tiempos de prueba.

Pero hay más. Galilea era la región más alejada de Jerusalén, el lugar donde se encontraban en ese momento. Y no sólo geográficamente: Galilea era el sitio más distante de la sacralidad de la Ciudad santa. Era una zona poblada por gentes distintas que practicaban varios cultos, era la «Galilea de los gentiles» (Mt 4,15). Jesús los envió allí, les pidió que comenzaran de nuevo desde allí. ¿Qué nos dice esto? Que el anuncio de la esperanza no se tiene que confinar en nuestros recintos sagrados, sino que hay que llevarlo a todos. Porque todos necesitan ser reconfortados y, si no lo hacemos nosotros, que hemos palpado con nuestras manos «el Verbo de la vida» (1 Jn 1,1), ¿quién lo hará? Qué hermoso es ser cristianos que consuelan, que llevan las cargas de los demás, que animan, que son mensajeros de vida en tiempos de muerte. Llevemos el canto de la vida a cada Galilea, a cada región de esa humanidad a la que pertenecemos y que nos pertenece, porque todos somos hermanos y hermanas. Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles. Que cesen los abortos, que matan la vida inocente. Que se abra el corazón del que tiene, para llenar las manos vacías del que carece de lo necesario.

Al final, las mujeres «abrazaron los pies» de Jesús (Mt 28,9), aquellos pies que habían hecho un largo camino para venir a nuestro encuentro, incluso entrando y saliendo del sepulcro. Abrazaron los pies que pisaron la muerte y abrieron el camino de la esperanza. Nosotros, peregrinos en busca de esperanza, hoy nos aferramos a Ti, Jesús Resucitado. Le damos la espalda a la muerte y te abrimos el corazón a Ti, que eres la Vida.

SER APRENDICES CONSTANTES EN TIEMPO DE PANDEMIA

Por Alejandra Marcote

https://www.grandespymes.com.ar/2020/04/09/ser-aprendices-constantes-en-tiempo-de-pandemia/

 

Elegí esta nota porque plantea un tema que se visualiza claramente: cómo se ha modificado nuestra vida por influencia de la pandemia, pero, sobre todo, porque sirve de introducción a una pregunta que debemos hacernos, y, fundamentalmente, a plantearnos cómo debemos encarar el mundo post pandemia, qué sirve de lo veníamos haciendo, y qué hay que descartar o modificar.

NO DEJEMOS QUE NO ESTA ETAPA TAN DURA PASE EN VANO. TENEMOS LA OPORTUNIDAD, COMO LA ESTÁ APROVECHANDO LA NATURALEZA QUE TIENE UN RESPIRO.

QUE LAS AVES VUELEN EN NUESTRO CIELO PARA SIEMPRE.

 

Cuando éramos chicos y nuestro día a día era puro descubrimiento y aprendizaje, y repetíamos una y otra vez:

“No sé” / “No entiendo” / “Me equivoqué” / “¿Me podrías ayudar?”

Sin embargo, en determinado momento algo cambió, y cuando en la escuela nos equivocábamos -respecto de la respuesta respecto de lo que decía nuestro manual Kapelusz-o en los exámenes nos sacábamos una nota más baja de la que esperamos, esas sonrisas y el aliento continuo deja paso a una birome roja que nos marcaba que eso estaba mal y punto.

En esa misma época, empezamos a internalizar que el decir “no sé”, no sólo no estaba bien visto, sino que hasta nos generaba mucha vergüenza decirlo, cómo si hubiera algo malo en nosotr@s. Cualquier parecido con la tan recordada canción “no sabe, no sabe, tiene que aprender, orejas de burro le van a crecer” es pura coincidencia. Es más, quien era el/la más cancher@: era quién copiaba, no quién más se esforzaba en intentar comprender, aun a riesgo de una nota más baja.

Hoy, en muchas organizaciones, los colaboradores quedan atrapados en fingir que saben cuando no tienen todas las respuestas, y se premia a los líderes sabelotodo, a aquellos que parecen tener todas las respuestas (¿es posible eso?) en un mundo complejo e incierto.

¿Cuántas veces fallamos por no saber decir “no sé” y pedir ayuda?

¿Cuántas veces en una organización un líder o un integrante de un equipo piensa que se pone en juego su imagen si se arriesga a decirlo?

Nos cuesta “levantar la mano” y decir: “no me quedó claro”, “no lo entendí”, “¿podemos volverlo a ver?”, “no se me ocurre cómo encarar este tema que es totalmente nuevo, ¿alguien se suma para que lo hagamos juntos?”. En mi experiencia esto pasa en la mayoría de las empresas: en las reuniones, en el trabajo del día a día en equipo, en los workshops. Hace unos días, una persona me dijo: “antes siempre tenía a alguien al lado al qué podía preguntarle o conversar, ahora me es más difícil porque estamos todos con la notebook de por medio”.

La paradoja es que eso nos hace sentir segur@s porque protegemos nuestra imagen, sin darnos cuenta el costo que tiene no aprender y no superarnos, y el que tiene a nivel personal y organizacional. No darse permiso para aprender puede salir caro. En este caso, la pregunta que más amo para centrarme a mí misma cuando me encuentro en estas situaciones (¿quién no?) es: ¿Con qué estás comprometido: con tu imagen o con el aprendizaje?

Si tomamos distancia, es bastante difícil que como humanos podamos ser perfectos sabelotodo. Eso podría haber funcionado hace 200, 100 o hasta 35 años atrás, con la revolución industrial y los modelos de trabajo y liderazgo que surgieron en esa época. ¿Sigue siendo válido en estos tiempos cada vez más complejos (casi caóticos), cambiante y volátiles? La respuesta -al menos para mí- es un rotundo no.

Parece que esta pandemia del Covid-19 nos está haciendo zambullir de lleno en lo que podría convertirse (¡quién sabe!) en una transformación acelerada en las formas de trabajo que hasta hace poco parecía que podía llevar años!

¿Cuántos de nosotros está en contacto o trabajando con organizaciones que hasta hace 20 días decía que las reuniones no eran reuniones si no eran cara a cara?

¿Cuántos de nosotros escuchamos que los empleados no trabajaban si se quedaban en su casa, y desde hace 15 días, están realizando su trabajo online y manteniendo la operatoria de su negocio?

¿Cuántas de nuestras certezas las vemos caerse a pedazos día a día?

El #coronavirus ha traído una crisis a nivel mundial que nos está dando la oportunidad casi única de reflexionar personal y colectivamente acerca de cuál es la actitud que queremos tener en este mundo que una vez más nos ha dicho que el control y el saber todo son solo ilusiones.

No nos queda otra que aceptar que los tiempos han cambiado, se multiplicaron las preguntas y casi no tenemos respuestas. Si en este contexto no somos capaces de decir “no sé” y de incorporar esta actitud de #aprendiz constante: ¿Qué papel vamos a jugar en estos tiempos?

Y vos, ¿qué estás aprendiendo en esta #cuarentena?

Web de Alejandra: https://aprenderdelerror.com/

SUPERAR LAS CRISIS: HOY, EL CORONAVIRUS

Vi una nota en la Revista Rumbos del fin de semana, a partir de otra de Pilar Jericó. Me pareció útil, y que es un aporte en esta difícil época, en que mucho de lo que nos llega nos confunde y asusta más de lo que nos alivia.

Una de las cosas que intento hacer siempre, mucho más en estos tiempos del coronavirus, es ser organizado, tener planes, no desordenarme, por eso, este aporte con formato de guía, me parece que puede ayudar.

Ojalá sea así.

Guía para superar el impacto emocional del coronavirus

PILAR JERICÓ

Debemos afrontar la situación con una mentalidad positiva. Para eso necesitamos conocer las etapas a las que nos vamos a enfrentar

https://elpais.com/elpais/2020/03/16/laboratorio_de_felicidad/1584365848_234280.html

El coronavirus nos ha superado a todos. Nos enfrentamos a emociones incómodas, nos agobia el miedo, nos estremece escuchar a los sanitarios informando de las situaciones que viven, y no parece que las cosas vayan a mejorar en el corto plazo. Sin embargo, existe una verdad incuestionable: todo pasa. El coronavirus también. Como ha sucedido con otras pandemias o en otras situaciones difíciles que hemos vivido. Debemos afrontar el problema con una mentalidad positiva. Para eso necesitamos conocer las etapas y las emociones a las que nos vamos a enfrentar. Reconocerlas nos ayudará a afrontarlas de un modo más amable. A desarrollar una mentalidad positiva a pesar de las circunstancias. Esta posición nos permitirá entender que, en todo cambio, por difícil que sea, siempre existen oportunidades para seguir aprendiendo y avanzar como personas y como sociedad.

Las investigaciones en las que basé mi libro Héroes cotidianos sirven para entender de manera sencilla qué emociones vamos a vivir estos días. Las detallo en esta página en voz y con ejercicios prácticos.

  1. Llamada: “Hay un virus en China”. Ese fue el comienzo. Toda llamada a la aventura puede ser de dos tipos, como dice paradójicamente la medicina tradicional china: llamada del cielo, cuando es algo deseado, o llamada del trueno, cuando no lo buscamos y rompe nuestros esquemas. El coronavirus pertenece a las llamadas del trueno para la mayor parte de los mortales. Pocos esperaban que sucediera.
  2. Negación: “Esto no va a ocurrir aquí”. La negación es una fase habitual en casi todos los cambios no deseados. Se trata de la más difícil de asimilar. Nunca creemos que nos vaya a afectar a nosotros. Nos llenamos de excusas, como que China está muy lejos o que solo es una gripe más, y nos olvidamos de las evidencias: de que el mundo está globalizado, incluso hasta para las enfermedades, o que estas pueden resultar tan contagiosas que pueden colapsar el propio sistema. Durante el periodo de negación, cuando nos damos cuenta de que sí nos puede afectar, podemos desarrollar una variante: la ira o la rabia. Nos enfadamos con el sistema, con la falta de medidas que toman las autoridades, con los eventos deportivos, manifestaciones o reuniones que nos han expuesto al contagio. El enfado hay que pasarlo, tengamos razón o no. Si nos quedamos en esta fase, estamos perdidos, porque desaprovecharemos la oportunidad de aprendizaje que existe ante cualquier crisis.
  3. Miedo: “¿Qué nos va a pasar?” Esta es la emoción más profunda y paralizante que existe. Hay un miedo sano, que es la prudencia, que nos obliga a protegernos y a quedarnos en casa. Y existe otro, el miedo tóxico, que nos lleva a la histeria colectiva, a las compras compulsivas o a no dormir por las noches. El miedo es otra fase que tenemos que transitar rápidamente. Es inútil dejarse vencer por la emoción, que en muchas ocasiones llega a ser más contagiosa que la propia enfermedad. Posiblemente, porque nos daña profundamente y nos vacía de la posibilidad de afrontar la crisis desde la mentalidad positiva del cambio, el sentido común y la fuerza.
  4. Travesía por el desierto: “Estoy triste y soy vulnerable”. Ya no hay miedo ni rabia, solo desazón y tristeza en estado puro. Estamos abatidos por las cifras de enfermos y fallecidos, conocemos personas afectadas o lo estamos nosotros mismos. Es un momento de aceptación pura de la realidad. En la crisis del coronavirus, la travesía por el desierto hay que afrontarla. La mentalidad positiva sin tocar el desierto es falsa y temporal (excepto para quien vive en el positivismo artificial constante o tiene problemas con la empatía, que no deja de ser negación). La buena noticia es que los desiertos también se abandonan. Nos podemos quedar atascados en la rabia o en la negación, pero la mayoría de las personas, tarde o temprano, conseguimos remontar la tristeza.
  5. Nuevos hábitos y confianza: Una vez aceptada la realidad comienzan los nuevos hábitos y la confianza en nosotros mismos. Normalizamos la realidad. Si estamos recluidos, encontramos los aspectos positivos. Nos ofrecemos a ayudar a otros desde la serenidad y no desde el miedo; nos reímos de la situación y, lo más importante, nos abrimos al aprendizaje. Cuanto más nos esforcemos en ver qué aspectos quiere enseñarnos esta nueva crisis, más rápido podremos atravesar la curva del cambio.
  6. Fin de la aventura: El coronavirus ha pasado y soy más fuerte. Esta crisis será historia, como todas. Vendrán otras, nuevos problemas, y eso significa que estamos vivos. Si hemos sido conscientes del proceso y hemos aprendido como personas y como sociedad, habrá valido la pena, a pesar de las numerosas pérdidas que hayamos tenido en el camino.

Las fases descritas no son lineales, pero sí progresivas. Es decir, podemos estar en el desierto y regresar por momentos a sentir rabia o miedo. Casi siempre sucede, pero no hay que sentirse culpable por ello. Cuanta más conciencia pongamos, más sinceros seamos con nosotros mismos, más rápido podremos atravesarlas y más capacidad tendremos para despertar el valor que cada uno de nosotros llevamos dentro. En la épica personal también hay espacio para el optimismo.

MODELO DE NEGOCIO: DEFINICIÓN Y EJEMPLOS

https://www.grandespymes.com.ar/2020/04/04/modelo-de-negocio-definicion-y-ejemplos/

La popularidad de las startups en España ha llevado a que el término modelo de negocio se haya convertido en un clásico del vocabulario “startupero”. Términos como “Canvas” o “freemium” son cada vez más habituales y todos ellos beben del modelo de negocio.

Si ya leíste “¿Cómo poner en marcha una idea de negocio?” este artículo te viene que ni pintado. Aquí te daré la definición de modelo de negocio y varios ejemplos de los más populares para que puedas aplicarlo para tu futura startup o empresa. Ya no tendrás excusas para decir que no sabes qué es eso de un modelo y que no lo sabías antes de crear tu startup

Definición de modelo de negocio

La definición de modelo de negocio es complicada y tiene muchísimas variantes. La definición clásica dice que es “el plan previo al plan de negocio que define qué vas a ofrecer al mercado, cómo lo vas a hacer, quién va a ser tu público objetivo, cómo vas a vender tu producto o servicio y cuál será tu método para generar ingresos“.

En definitiva, es plasmar en un documento cómo vas a crear, desarrollar y capturar valor. Una pequeña visión de todo lo que puede ser tu startup en un futuro y los diferentes aspectos sobre los que se va a construir toda tu empresa. Sería como los pilares de un edificio, siendo el edificio tu negocio y esos pilares el propio modelo.

Hay que destacar que el modelo de negocio es algo más que saber de dónde vienen los ingresos, tal y como habéis podido ver en la primera definición. Ganar dinero será una consecuencia de todo ese proceso de saber qué ofreces, cómo lo haces, cuál es tu público y demás.

Modelo de negocio Canvas

El Business Model Canvas es la “plantilla” de modelo de negocio más popular del mundo. Desde que sus creadores, Alexander Osterwalder e Yves Pigneur, publicaron el libro que dio nombre a este “lienzo”, se ha convertido en un modelo de negocio utilizado para casi todas las nuevas startups y popularizado en concursos como los Startup Weekends.

Es una herramienta que tiene distintos apartados que se encargan de cubrir todos los aspectos básicos de un negocio, desde los segmentos de clientes hasta incluso los socios claves y la estructura de costes. En general, sigue la definición de modelo de negocio y busca plasmar en un solo lugar cómo se crea, entrega y captura ese valor de tu startup.

¿Y en qué consisten cada uno de los 9 apartados del Business Model Canvas? Tranquilo, ahora mismo te lo cuento:

  • Segmentos de clientes: segmentación de mercado o grupo de personas a los que vamos a venderles nuestro producto o servicio. Puedes agrupar los públicos por las necesidades, canales, relaciones u ofertas. Algunos ejemplos de segmentos serían el mercado de masas (muy amplios), los nichos de mercado (muy específicos), los diversificados (distintos públicos muy distintos) o los multi-segmentos (que dependen de varios clientes a la vez).
  • Propuesta de valor: características y beneficios que se encargan de crear valor para cada uno de esos segmentos. En esta parte debes explicar qué es lo que ofreces a tus clientes y por qué van a comprarlo. Algunas características de esta propuesta podrían ser la novedad, el rendimiento, la personalización, el diseño o el precio.
  • Canales: medios a través de los que te vas a comunicar y vas a hacer llegar tu propuesta de valor al cliente. Pueden ser canales propios (de los socios) o externos y directos o indirectos y están divididos en 5 fases (notoriedad, evaluación, compra, entrega y postventa).
  • Relación con el cliente: tipo de relación entre la startup y el cliente. Puede ser asistencia personal, self-service o automatizado (mezcla de ambas).
  • Fuente de ingresos: ¿de dónde va a llegar el dinero a la empresa? ¿Cómo se va a generar el beneficio? Algunos modelos de fuente de ingreso podrían ser la venta directa en un único pago, el pago por uso o la suscripción.
  • Recursos clave: los recursos más importantes para que todo lo anterior funcione. Pueden ser físicos (vehículos, edificios, …), intelectuales (patentes, copyrights, …), humanos (expertos clave, empleados muy valorados, …) o financieros (efectivo, crédito, …).
  • Actividades clave: si hay recursos clave, también tiene que haber actividades claves. ¿Cuáles son las actividades sin las que tu negocio moriría? ¿Son de producción? ¿De solución a problemas individuales? ¿De una plataforma a través de la que funciona toda la startup?
  • Socios clave: colaboradores y personas que son claves para que el negocio arranque y funcione. ¿Y por qué se buscan estos socios clave? Porque se busca optimizar los recursos (contratar proveedores), reducir riesgos con alianzas estratégicas y adquirir recursos y actividades que no tienes en tu propia startup.
  • Estructura de costes: el clásico desglose de los gastos que va a tener tu modelo de negocio. Se incluyen los costes fijos, variables, las economías de escala para reducir costes y todo lo relacionado con el gasto.

Si eres capaz de rellenar todos esos apartados, tienes una idea muy, muy clara de cómo es tu negocio. Y eso no es ninguna tontería, porque tenerlo claro desde el principio te hará no tener que estar dando vueltas, cambiando por el camino y descubriendo desagradables sorpresas.

Ejemplos de modelo de negocio

La teoría es muy bonita, pero los ejemplos de modelos de negocio lo son mucho más. ¿Quieres ver cómo genera valor Google, Facebook, Amazon o una empresa de éxito española tan distinta como Wallapop? Sigue leyendo.

Freemium

Separo el modelo freemium del resto y lo utilizo como ejemplo porque con el mundo de las aplicaciones se está volviendo extrapopular. ¿Cuántas aplicaciones de móviles has visto que sean freemium? ¿Cuántos juegos son gratis pero luego tienen micropagos dentro? ¿Cuántas aplicaciones tienen un plan gratuito limitado? Miles y miles.

La definición de freemium es un producto o servicio que ofrece de manera gratuita un servicio básico y que después ofrece todo tipo de añadidos y variables con micropagos o suscripciones para acceder al contenido más avanzado.

El modelo freemium es atractivo porque consigue “enganchar” al usuario a usar una aplicación o juego y después, cuando esa persona ya está acostumbrada a usar esa aplicación, le pide micropagos o una suscripción para poder llegar más lejos. Como ya estás acostumbrado y no te ves usando otra aplicación, acabas pagando.

Google

Google, ese gigante que todo lo controla y que parece tener tantos programas, webs y aplicaciones, ¿de qué vive? ¿Cuál es su modelo de negocio? ¿Cómo genera ingresos? Pues, aunque parezca muy simple, lo hace todo a través de la publicidad.

Google vive y muere por Adwords. Si mañana todas las empresas del mundo decidieran pasar de Adwords y utilizar otro sistema de publicidad como Facebook Ads o Twitter Ads, el gigante de Mountain View moriría. Es curioso que una empresa tan innovadora y potente viva de la publicidad, ¿verdad?

Facebook

Facebook podría ser el hermano pequeño de Google. Es una empresa que nació de una manera similar y que está creciendo a un ritmo muy parecido, por lo que su modelo de negocio… ¿cuál creéis que será?

Sí, la publicidad también. Facebook Ads ha conseguido estabilidad y crecimiento a raíz de la popularidad de Facebook Ads, que con total seguridad es el único competidor serio de Google Adwords muy por encima de otros como Twitter Ads, LinkedIn Ads o cualquier otro sistema de publicidad.

Amazon

Amazon es mucho más que un portal que vende productos. De hecho, la mayoría de productos no los vende ni Amazon. Es una empresa que presta servicios y pone en contacto todas esas compras online con lo que luego llega a tu casa.

Se podría decir que Amazon es el encargado de que, una vez haces clic en comprar, ese producto se despache, llegue a tu casa y tenga un servicio post-venta excelente. Ellos no fabrican, sino que tienen socios o incluso clientes que distribuyen a través de Amazon a cambio de un porcentaje más que generoso.

Como podéis ver, Amazon vive y sobrevive porque su oferta es casi infinita y su economía de escala es una de las más potentes del mercado. Si la oferta disminuyera y se vendieran menos productos, Amazon quebraría enseguida.

Wallapop

¿Te sorprendería saber que Wallapop no tiene modelo de negocio? ¿Y te sorprendería saber que esto es lo mismo que le ocurrió a Facebook y Google en sus inicios? Este tipo de aplicaciones suelen buscar primero su expansión, a través de un servicio gratuito, para después crear un modelo de negocio sobre algo que ya tiene éxito y funciona.

Sin embargo, nuestro amigo Eduardo Archanco ya ha empezado a visionar cuáles pueden ser las tres alternativas para que Wallapop comience a “generar negocio”:

Anuncios: la vía clásica, pero peligrosa. Wallapop vive de que todo se haga en su app móvil y de ese libremercado gratuito. Si meten publicidad de terceros ahora mismo como productos de segunda mano, podrían matar la app.

Comisiones: una más probable y futura opción de Wallapop. Si vendes un producto por 20 €, ellos se quedan 2 € y viven de que se queden un pico de cada transacción. ¿El problema? Ahora mismo esto también iría en contra de las políticas de la app y obligaría a que todo se pagara a través de la app, algo que no suele gustar.

Anuncios destacados: según Eduardo este sería el modelo perfecto. ¿Por qué? Porque respeta a los usuarios y los beneficia, ya que aquel que quiera pagar por que su producto aparezca antes tendrá el derecho a hacerlo sin cambiar ni un 1% el modelo de negocio de Wallapop.

Con todos estos ejemplos has podido ver cómo funcionan varias empresas gigantescas y cómo una empresa nueva puede ni tener modelo de negocio. ¿Cómo será el modelo de negocio de tu empresa? ¿La crearás y después buscarás cómo generar ingresos? ¿O lo tendrás claro desde el principio? Es tu decisión

 

Fuente: https://gestron.es/modelo-de-negocios-definicion-y-ejemplos/