CÓMO CONSEGUIR AGILIDAD ESTRATÉGICA: CINCO PRINCIPIOS BASICOS

https://www.grandespymes.com.ar/2019/12/10/como-conseguir-agilidad-estrategica-5-principios-basicos/

 

Si, ya nos ha quedado muy claro que nunca hasta ahora la humanidad había vivido en una época de cambios tan rápidos.

Me cuesta explicarle a mis padres que es eso de la digitalización, del internet de las cosas, de la economía colaborativa, que se puede imprimir en 3 dimensiones…. Es como si me hubiera ido de viaje al futuro y regresara explicando las novedades. Ellos perdieron el hilo hace tiempo, se mantienen informados, pero lo entienden a su manera. Todo pasa tan rápido que el mundo se ha vuelto extraño para ellos.

El cambio ha estado presente a lo largo de toda la humanidad, pero ahora se acelera y nos produce una sensación de agobio, de no estar al día y ser incapaces de ponernos al día a tal velocidad, sensación de angustia y estrés por no tenerlo todo controlado.

Y esto no tiene freno, el futuro promete traernos más vértigo. Para hacernos una idea de lo que trae ese futuro-presente podemos leer este resumen del libro “The inevitable” de Kevin Kelly: “Las once fuerzas que definirán la tecnología del futuro”. “Las invenciones más fascinantes de todas aún no han sido inventadas”, afirma.

Cambios que impactan en personas y organizaciones. Las organizaciones con menos capacidad de reacción, flexibilidad y adaptación al cambio, se van a quedar por el camino. Vamos a necesitar empresas rápidas, muy rápidas, cada vez más rápidas. Y para eso vamos a tener que cambiar la forma de organizarse de muchas empresas, las estructuras tendrán que ser mucho más ágiles.

Para desarrollar agilidad estratégica en un mundo que se mueve a una velocidad de vértigo, John Paul Kotter en su libro “Acelerar” propone crear organizaciones duales.

Algunas de las reflexiones del libro de Kotter

Las organizaciones ágiles son aquellas que mantienen sus estructuras jerárquicas y formales para dar respuestas a la actividad del día a día, y las combinan con organizaciones en red, que imprimen velocidad al cambio y trabajan para acelerar la organización y resolver la estrategia de la compañía. Son redes de agentes de cambio: la organización DUAL.

Las jerarquías enfocadas en la gestión están hechas para minimizar riesgos y mantener a la gente encasillada en sus funciones, sin embargo, la organización red como parte del Sistema operativo dual, impulsa esos pasos muy deprisa al permitir que un número mayor de personas se conviertan en agentes de cambio. El sistema dual se enfoca en liderar las iniciativas estratégicas.

Kotter destaca 5 principios básicos que rigen los sistemas duales:

El motor de los cambios importantes debe ser la convergencia de muchas personas y de diversas áreas, no solamente de las pocas designadas siempre. Se necesitan ejércitos de gestores del cambio en las empresas, personas capaces de tener iniciativas y tomar decisiones, no limitarse a cumplir órdenes.

Una mentalidad de “querer llegar” y no de “tener que hacerlo”. En tu organización hay personas con la capacidad y la energía suficiente para actuar como motor del cambio, sin dejar de cumplir sus tareas y objetivos del día a día. Solo tienes que llegar a ellos.

Acción desde la cabeza y el corazón. Es el corazón lo que mueve a las personas. La energía que se puede llegar a conseguir al actuar juntos por una causa superior, no tiene freno.

Mucho más liderazgo y no solo gestión. La clave está en la visión, la oportunidad, la agilidad, la inspiración, la pasión, la innovación y en mayúsculas, la CELEBRACIÓN de los éxitos.

Una alianza inseparable entre la jerarquía y la red, no solamente una jerarquía mejorada. Cuidado, existe el peligro de convertir esta nueva organización en dos “supersilos”, dos grupos dentro de la misma organización que trabajan de forma independiente. Es una forma de trabajar nueva que tiene que ir calando en toda la organización.

La mayoría de empresas, a su inicio, tienen la agilidad, velocidad y creatividad suficiente para aprovechar todas las oportunidades del mercado. Su forma de organizarse es en red. Cuando la empresa empieza a crecer y madurar, acaba convirtiendo su organización en jerárquica, olvidando la energía que le suponía la red inicial.

Aprovechemos esa agilidad de nuestras pymes para movernos más rápidamente en este mundo cada vez más complejo, pero sobretodo, conservemos en nuestra madurez esa potencia que aporta valor competitivo. Conservemos la curiosidad del niño y la valentía de la juventud en nuestra etapa madura.

Post original publicado en Con Tu Negocio

CUATRO CLAVES A TENER EN CUENTA PARA ELEGIR A TU PROVEEDOR DE EMAIL MARKETING

https://www.emprenderalia.com/claves-elegir-proveedor-email-marketing/?utm_medium=email&utm_source=newsletter&utm_campaign=2019-11-23

La elección de las herramientas que utilizamos en nuestro día a día a veces pasa a un segundo plano, y acabamos utilizando lo que ya conocemos de siempre, lo que vemos anunciado o lo que nos recomienda alguien.

Lo que nosotros recomendamos a la hora de escoger o revaluar una herramienta es listar nuestras necesidades y buscar la opción que mejor se adapta a nuestro negocio.

A veces la búsqueda puede ser larga y es difícil dar con un proveedor que cumple todo lo que necesitamos y a veces puede ser tan fácil como encontrar una herramienta como Mailrelay en el sector del email marketing.

Para que tú mismo puedas definir lo que necesitas en tus campañas de email marketing hemos elaborado la siguiente lista con 4 de las claves más importantes.

  1. Que tenga una cuenta gratuita potente

Aunque se trate de amor a primera vista siempre es importante poder probar una herramienta a fondo para acabar de decidir si es lo que necesitamos.

De nada sirve que sobre el papel sea una maravilla si luego al probarla te da problemas, es difícil hacer cualquier cosa un poco avanzada…

Así que mejor huye de las cuentas gratuitas que están muy limitadas y que no te permiten probar casi nada.

Y si encuentras unas herramientas como Mailrelay que dispone de una cuenta gratuita superior a muchas de pago, además podrás seguir utilizándola una vez que la hayas probado a conciencia.

  1. Que ofrezca soporte técnico

El soporte técnico parece que no hace falta hasta que te encuentras un problema y no hay nadie que te ayude a resolverlo.

Otras veces pasa que sí que hay alguien, pero no habla tu mismo idioma, así que estamos en la mismas.

Y también puedes encontrar que tienes que pagar extra por un soporte de calidad.

Lo que ya es más difícil de encontrar es una herramienta con la que cuentes con soporte técnico incluso en su cuenta gratuita como pasa en Mailrelay.

  1. Flexibilidad en el envío de mails y número de contactos

Al comparar este tipo de herramientas me he encontrado con comparaciones imposibles y difíciles de calcular según mis necesidades.

Empresas que cobran por número de mails enviados, empresas que cobran por número de contactos, saltos de precio bestiales cuando superas unos límites…

Al final sale a cuenta ir holgado y con flexibilidad, por eso es interesante la opción de 75.000 emails gratis y hasta 15.000 contactos de Mailrelay, va a ser difícil que superes esos límites, y si lo haces te doy la enhorabuena porque tu negocio mueve muchos suscriptores.

  1. Sin publicidad en los emails

Resulta muy difícil encontrar una herramienta de email marketing que en su cuenta gratuita no te obligue a poner su publicidad, también hay algunas que lo hacen incluso en cuentas de pago, o por lo menos tienes que saber desactivarla manualmente.

La imagen que ofreces si pones publicidad de otra empresa en tus comunicaciones por email puede ser bastante pobre, así que mejor asegurarte de que no incluyan publicidad obligatoria. Y si además no tienen publicidad en la cuenta gratuita, como hace Mailrelay, pues mejor que mejor.

En definitiva, al escoger tu proveedor de email marketing te recomendamos tener en cuenta estas claves y añadir todas aquellas necesidades extra que sean útiles en tu caso, ya sea por el sector, tipo de negocio o por tu manera de trabajar.

EL SIGLO XXI NOS ENFRENTA A LOS DESAFÍOS DE UN CAMBIO DE ERA

Por: Jaqueline Pels

https://www.grandespymes.com.ar/2019/10/29/el-siglo-xxi-nos-enfrenta-a-los-desafios-de-un-cambio-de-era/

Si a un señor feudal le hubiéramos dicho que en un futuro los reyes no serían las figuras políticas más importantes, que sus siervos iban a tener el derecho a voto igual que él, que el agro no sería el centro de la economía, que las ciudades albergarían la mayoría de la población, que los caballos no serían el medio de transporte y, que la comunicación no usaría por postas o palomas mensajeras; seguramente se hubiera reído cual si fuéramos bufones en su corte. Hoy estamos viviendo un cambio de era, un período de transición igual de radical. Estos momentos son excepcionales, la humanidad los ha transitado pocas veces. Vivirlo es un privilegio, pero, también, una incógnita.

Tanto desde la literatura de difusión (ej. autores como Yuval Harari con sus libros Sapiens y De Animales a Dioses), como desde la investigación académica (ej. estudiosos como Jan Rotmans de la Universidad de Erasmus), hay hipótesis que sugieren cómo podría ser este futuro. Estos escritos buscan mostrarnos el punto de llegada. El foco de este artículo no está en vislumbrar cómo será o debiera de ser el futuro; el foco es ayudarnos a transitar mejor el camino, poder entender el proceso de cambio de era.

Ya en 2015, el Papa Francisco I, remarco que no estamos viviendo una era de cambios sino un cambio de era. ¿Qué distingue una era de cambios de un cambio de era?

Primero, en las eras de cambio las transformaciones se aceleran, pero no modifican su lógica (por ejemplo, a lo largo del Siglo XX, los autos se vuelven tecnológicamente más sofisticados, pero no cambia el medio de transporte). Por el otro lado, los cambios de era tienden a ser procesos transversales. En el Siglo XXI los cambios trascienden las innovaciones tecnológicas y pasamos a la gestión del conocimiento (internet de las cosas, inteligencia artificial, blockchain) e involucra cambios en la comunicación (redes sociales, YouTube), en la economía, (el futuro del trabajo, Airbnb, Glovo), en la geopolítica (el Brexit, el auge de China, la caída del eje USA-Rusia), en la filosofía (la post modernidad, la verdad post-científica), en los objetivos colectivos (los nuevos objetivos de desarrollo sustentable de Naciones Unidas), en el arte (arte digital, realidad virtual), en la educación (formación continua), entre otros. Entonces, si en los cambios de era los procesos son transversales, se debe ser consciente que las lecturas parciales pueden ser equívocas. A veces, por el afán de concentrarnos en un tema (típico de la especialización que caracterizó el Siglo XX), perdemos de vista que las diversas fuerzas se presentan en modo interrelacionado, donde un cambio impacta y amplifica los otros. Por ejemplo, si tratáramos de circunscribir el fenómeno de #MeToo a un fenómeno de redes sociales sería una caracterización miope. #MeToo combina varios de los cambios mencionados: internet (tecnología), las redes sociales (comunicación), los objetivos de desarrollo sustentable de Naciones Unidas (objetivos colectivos), no reconocer fronteras ni estar alineado a ideologías políticas (cambios geopolíticos). Desde esta perspectiva, la tecnológica, si bien importantísima, es sólo un síntoma. Es, entonces, importante adoptar una mirada holística y sistémica.

Segundo, en las eras de cambio por su intenso ritmo, vemos en el transcurso de la vida de una persona, su nacimiento, desarrollo y madurez (por ejemplo, el surgimiento y desarrollo de la televisión). Alternativamente, en los cambios de era los tiempos son largos; son tiempos históricos. Tomemos el caso de la Revolución Francesa de 1789. Usualmente, la ubicamos como el fin de las monarquías totalitarias y como el hecho histórico que sienta las bases de la democracia moderna. Sin embargo, Francia, en los ochenta años sucesivos a la revolución francesa, pasa por siete regímenes políticos: tres monarquías constitucionales, dos repúblicas efímeras y dos imperios. Podemos afirmar que un ciudadano parisino seguramente se sintió confundido: sabía que habían decapitado al rey Luis XVI, pero ¿iban para adelante? ¿para atrás? ¿hacia el costado? En un mundo donde la inmediatez nos resulta tan natural, donde Google nos da la respuesta en nanosegundos, frente al cambio de era, tenemos que desarrollar la paciencia.

Por último, en las eras de cambio es relativamente fácil predecir el impacto del cambio (la introducción de Skype afecto en modo directo el negocio de llamados de larga distancia de las telefónicas). Sin embargo, en los cambios de era, es fácil ver lo que ya no es, pero, aún, no sabemos, que será. Entonces, los cambios de era se debe aceptar que “se está siendo” que, producto de las interrelaciones, intentar predecir su forma final, es -casi- un ejercicio inútil. Por ejemplo, ¿sabremos a ciencia cierta cómo será el futuro del trabajo? ¿Es correcto hacer una comparación con lo que fue la revolución industrial del Siglo XIX? ¿Serán las tareas netamente humanas, como el cuidado de las personas, las principales fuentes de trabajo? ¿Es necesario cambiar el sistema educativo? Si tratáramos de definirlo, seguramente, estaríamos en lo cierto por un breve período, pero equivocados respecto del resultado final. Retomemos el caso de las telecomunicaciones, soluciones que parecían novedades que iban a sustituir en modo permanente una tecnología (como ser Skype respecto del llamado internacional del teléfono de línea fijo) fueron rápidamente sustituidas por otras como WhatsApp. Hoy, sabemos que habrá más novedades en las comunicaciones interpersonales. Tomemos otro ejemplo, el cambio en las preferencias en las formas de alimentación (vegano, macrobiótica, vegetariano). Aún no es claro si una de todas estas tendencias se establecerá como el nuevo modo de alimentarse, si todas convivirán o si son la antesala de algo que aún no ha surgido. Lo único que sabemos es que es un repudio a la “vieja” forma de comer y, desde un lugar más profundo, una nueva forma de vincularnos con los otros seres con los que compartimos el planeta. Entonces, en los cambios de era el pensar que ‘hemos llegado’ es muy riesgoso porque crea falsas certezas. Sabemos convivir con cambios; debemos aprender a vivir en la incertidumbre.

Lejos de una mirada pesimista la invitación es a entender procesos más que buscar soluciones.

Comprender que todos los elementos que Zygmunt Bauman brillantemente sintetizó en la expresión de “sociedad líquida” y que pueden parecer negativos, son las características de una etapa de transición. Por ejemplo: los vínculos efímeros (en antítesis de los estables), el auge de los relatos (por sobre los “datos”), la velocidad con la cual los emprendimientos cambian y/o desaparecen (la vida promedio de una empresa en el Siglo XX era de 60 años; hoy es de 18 años, menos de un tercio), la descentralización (que implica pérdida de control), las nuevas formas de la gestión como el lean management, el fail fast, el canvas (frente a la planificación a largo plazo o las estructuras corporativas), entre otros.

Es darnos cuenta que no se puede cambiar de era sin que la anterior “ya no sea”. Implica entender que esta deconstrucción es indispensable y aceptar que la nueva era no ha, aún, encontrado su nuevo formato. Desde esta mirada, los relatos son experimentos, verbalizaciones de posibles futuros, los vínculos efímeros son intentos de nuevas formas de relacionarnos, la velocidad del ciclo de vida de las empresas representa ensayos de las nuevas formas de plantear soluciones, la descentralización impide que haya actores preponderantes que, por si solos, dirijan el cambio. En resumen, todas son maneras de fluir (líquidas como el agua) en búsqueda de, eventualmente, encontrar la nueva forma.

Un cambio de era es el periodo que se ubica entre dos apogeos. Por ejemplo, en el primer párrafo de la nota describimos las características del apogeo de la Edad Media. El apogeo de la Edad Moderna se caracterizó, entre otros aspectos, por el predominio de la ciencia por sobre la religión, cambios tecnológicos, el surgimiento de los estados nación. El tránsito entre uno y otro no fue fácil; éste cambio de era tampoco lo es y genera, simultáneamente, sensaciones encontradas: ilusión por las mejoras que se vislumbran e incertidumbre por la desorientación que acarrean. Sin embargo, si nos quedamos atados al pasado, no dejamos que llegue el futuro. Hay que trabajar para armar ese futuro y no para mantener el pasado. En resumen, esta nota es una invitación a mirar al presente desde la lógica del Siglo XXI y no desde el pensamiento del Siglo XX.

 

Doctora en Investigación de Gestión, Universidad de Leicester; profesora de Marketing en la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella

 

Fuente https://www.lanacion.com.ar/opinion/irilisis-dolorti-scilla-alit-ulla-facilla-feu-feugait-la-feu-facilel-siglo-xxi-nos-enfrenta-a-los-desafios-de-un-cambio-de-eratissequi-blam-non-vel-diam-niscipis-dunt-niscipit-alis-at-nid2290954

COMO EN EL FÚTBOL, LA ACTITUD ES LA DIFERENCIA

Y sí, esta entrada es sobre la actitud emprendedora; además, en épocas de crisis es todavía más importante para poder sobrevivir y salir adelante.

 

Y TÚ, ¿EN QUÉ CONFÍAS PARA LOGRAR SER DIFERENTE?

POR CECILIA DURÁN MENA

https://www.grandespymes.com.ar/2019/09/24/y-tu-en-que-confias-para-lograr-ser-diferente/

Es importante entender en qué elemento vamos a poner nuestra ventaja competitiva para rodearla de aquellos elementos que la hagan germinar y florecer, en vez de asfixiarla, inhibirla y matarla.

Una de las verdades de Perogrullo es que muchos mienten para pertenecer. Nadie lo quiere admitir, pero basta poner atención para darnos cuenta. Hay personas que se visten de determinada forma, no porque les guste, sino porque quieren agradar a alguien; conocemos a tantos empleados que juegan golf y no tenis, porque a su jefe le gusta y encierran las raquetas en el clóset en donde se llenan de polvo; vemos a tantos hombres y mujeres con voces afectadas, poses prestadas, actitudes fingidas que llama la atención. Es cuestión de fijarse: al ir a un restaurante parece que los hombres y mujeres van uniformados, en la cola para comprar un café nos topamos con el mismo tono de personas, en la oficina vemos una serie de repeticiones humanas y todo parece como una enorme masa de gris que no se matizan. Por pertenecer, se pierden en un sinfín de igualdades cuando lo importante es destacar. Lo importante es saber qué elemento vamos a elegir para sobresalir. Es decir, ¿en qué vamos a confiar para forjar nuestra ventaja competitiva?

Imaginemos que frente a nosotros está una hilera de manzanas rojas prácticamente iguales. ¿Cuál elegirías: la del extremo derecho, la del izquierdo, ¿la del centro? Cada quién dará sus respuestas. Sin embargo, si a esa hilera le agregamos una manzana amarilla, esa destacaría. Algunos la elegirán por el color, otras por el sabor, a otras les dará miedo y se quedarán con alguna de las rojas, pero nadie dejará de percibir la diferencia de la manzana que no es igual a las demás. ¿En qué piensas que confió esa manzana para destacar? Al final, esa respuesta nos lleva a reflexionar que siempre hay una característica que tenemos que nos puede ayudar a destacar. Siempre nos han dicho que cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles. Entonces, ¿cómo es posible que día a día nos topemos con tantos personajes y productos tan olvidables?

Los pilares para construir una ventaja competitiva funcionan de la misma manera para una persona que para un producto, un servicio, una marca o una institución. La ventaja competitiva es la capacidad de un ente para destacar por encima de otros que hacen lo mismo o algo parecido, es decir, es la cualidad que me hace ser preferido por encima de los demás competidores directos o sustitutos. Cada uno tenemos ciertas cualidades o defectos que nos sirven de base para construir ese rasgo destacado. Lo importante es conocerlo para nutrirlo.

Tristemente, muchas personas desconocen cuáles son los cimientos con los que cuentan para construir una ventaja competitiva. El peligro es que al no conocerlo corren el riesgo de estar tapando, inhibiendo, destruyendo lo mejor que tienen para destacar. Por eso vemos a tantas personas que se esfuerzan a diario por encajar y les tengo malas noticias: no les va a servir. Las piezas de un rompecabezas deben de encajar en forma suave. Cuando las tratamos de meter a fuerzas, no funciona. Pasa lo mismo que en el cuento de la Cenicienta con las hermanastras: intentan que la zapatilla de cristal les ajuste y por más que intenten, ese pie nunca va a entrar ahí.

Recuerdo que mi mejor amiga me contó que, cuando era niña y la llevaban a comprar zapatos, ella siempre salía con dolor de cabeza. A lo largo de los años, se acostumbró a que salir de la zapatería significaba salir con jaqueca. Ya como adulta, fue a comprar un par de zapatos y pidió el número de toda la vida. La dependienta le vio el pie y le dijo que ni de broma esa era la medida correcta. Mi amiga se enojó, pero la vendedora no se amedrentó, trajo su regleta y le midieron el pie. Entonces, mi amiga se dio cuenta de que, por muchos años, había estado comprando zapatos más chicos, que la medida adecuada era más grande. Se aguantó a vivir con un horizonte más pequeño del que requería y eso fue doloroso. Hasta que se enteró de su grandeza y compró lo que era para ella. El alivio de salir de la zapatería sin dolor de cabeza es equiparable a la dolencia —explícita o no de quién miente para pertenecer. Mi amiga no se dio cuenta de lo maravilloso que era conocer sus propias dimensiones hasta que las experimentó.

Por eso, es importante saber en qué confiamos para poderlo cuidar y hacer crecer. Cuidado, al elegir nuestro elemento diferenciador debemos ser muy honestos con nosotros mismos y no podemos ser ingenuos. Hay quienes confían en su belleza y está bien, entonces hay dos caminos: entender que ese elemento cambia con la edad y, algunas veces, se acaba. Hay quienes confían en una herencia y también está bien, siempre y cuando el legado llegue —conozco muchos casos de gente que se ha quedado esperando— y que cuando sea el momento, se sepa administrar. Hay quienes confían en su actitud, en su condición física, en su carisma, en su inteligencia. Todos estos elementos son correctos, siempre y cuando seamos conscientes de ello para cuidarlos, preservarlos y saberlos usar. No usa los mismos mecanismos quien confía en la belleza que quien confía en la inteligencia; no trabajan igual los que destacan por su bondad que los que lo hacen por su eficiencia.

Incluso, hay ventajas competitivas que se construyen a partir de elementos controversiales. Por ejemplo, Nick Kyrgios, el tenista australiano de padre griego y madre malaya es un jugador muy rápido, con tiros certeros. Su ventaja competitiva está construida alrededor de su actitud. Es un hombre sumamente agresivo cuya actitud raya en la patanería. Independientemente de si nos gusta el estilo o no, a él le funciona. Sabe meterse en la mente de sus adversarios, los desespera con esa manera de ser grosera, los desconcentra y les gana. Podemos criticar sus modales, pero este jugador es un hombre que destaca, tiene un estilo único y a su favor tiene el mérito de ser auténtico. No miente para pertenecer. Por supuesto, resulta obvio decir que la construcción de un rasgo distintivo causa mejores impresiones cuando se construye a partir de una cualidad que de un defecto. Sin embargo, lo que no funciona es construir nuestra diferenciación a partir de un rasgo falso. No funciona porque se nota.

La ventaja competitiva debe ser honesta. Cada ser humano, cada producto, cada institución se puede equiparar con un instrumento. Si yo estoy invitada a participar en el concierto de la vida y soy un piano, por más que intente sonar como flauta no voy a poder: voy a desafinar. Voy a perder recursos en tratar de ser una flauta, cuando debiera usarlos para producir la mejor nota que un piano puede ofrecer. Si soy una sinfonía y quiero parecer una cumbia, se va a notar. Entonces, en vez de desperdiciarme tratando de sonar como lo que no soy, buscando ser aceptada por otras cumbias que verán que no soy como ellas, lo mejor es entender que sí soy y destacar por lo que me es inherente y me sale más fácil y mejor.

Por eso es importante entender en qué elemento vamos a poner nuestra ventaja competitiva para rodearla de aquellos elementos que la hagan germinar y florecer, en vez de asfixiarla, inhibirla y matarla. El gris puede ser un color hermoso, si ese es el que elegimos en consciencia. Si es impuesto, puede ser una carga pesada que vamos arrastrando inútilmente. La cosa es al revés, lo mejor es distinguirnos en forma natural para avanzar ligeros, rápido, crecer y ser preferidos.

Fuente: https://www.forbes.com.mx/y-tu-en-que-confias-para-lograr-ser-diferente/

UNA COSA ES DESEAR ALGO Y OTRA ESTAR PREPARADO PARA RECIBIRLA

Nuevamente encontré un tema que me sonó como elemento fundamental de una de las categorías que incluí en mi blog de Kusca: la actitud emprendedora. El título es una síntesis perfecta de una situación que enfrentan muchos emprendedores al intentar desarrollar su proyecto.

Que les sea útil.

 

UNA COSA ES DESEAR ALGO Y OTRA ESTAR PREPARADO PARA RECIBIRLA

Por Francisco Alcaide Hernández

https://www.grandespymes.com.ar/2019/09/09/una-cosa-es-desear-algo-y-otra-estar-preparado-para-recibirla-2/

Las leyes espirituales señalan que todo ocurre en el momento oportuno. Por eso, una cosa es desear algo y otra estar preparado para recibirla. Lo explicaremos con una metáfora. Quién eres, podríamos representarlo con un cuenco (tu preparación), mientras que el contenido (oportunidades) vendría a ser lo que se vierte sobre el cuenco.

Si la cantidad que se vierte excede el tamaño del cuenco, la conclusión es evidente: el agua se desborda. Ya hemos dicho que el problema nunca es el tamaño del problema, el problema es tu tamaño. Cuanto mayor es el desarrollo personal de una persona, mayores retos, desafíos y responsabilidades puede asumir.

Por decirlo de algún modo: es muy difícil que juegues en primera división cuando ni siquiera eres capaz de hacer un buen partido en segunda división; es muy difícil que seas capaz de administrar un millón de euros cuando ni siquiera puedes gestionar dos mil euros y se te van de las manos; es muy difícil que te ofrezcan una conferencia ante un auditorio de mil personas si no tienes el valor de hablar delante de quince personas.

En cierta ocasión, charlando con Emilio Butragueño, Director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, le comentaba que me sorprendía como a veces gente muy joven debutaba en el primer equipo (por ejemplo, Raúl González que debutó con 17 años) sin teóricamente estar su cuerpo formado o por la presión de esas situaciones. Y esto fue lo que me contestó:

— La vida casi nunca te pone delante de retos para los que no estás preparado.

Así es. Y si por algún motivo fuese, el desenlace no es difícil de pronosticar: fracaso… y volver a empezar. Desde aquí muchas veces hemos repetido esta afirmación:

Si tu vida no es como te gustaría que fuese, hay algo que no sabes o no estás haciendo bien

Si uno acepta esta afirmación y pone la responsabilidad de su vida sobre sus espaldas —autorresponsabilidad como primer requisito para triunfar—, habrá que indagar las causas (los porqués) de por qué nuestra vida no es como nos gustaría que fuese. Aquí van sólo algunas pistas:

  1. Falta de conocimientos

Parece obvio, pero algunas personas lo olvidan. Si quieres diseñar una casa, tienes que saber de arquitectura para trazar los planos; si quieres defender a un acusado, tienes que saberte las leyes penales de cabo a rabo. Esto es evidente en algunas profesiones, pero no tanto en otras menos reguladas: vendedor, empresario o conferenciante, por señalar algunas.

Dicho de otra manera: estudia todo lo que puedas sobre lo tuyo; lee, ve vídeos, asiste a seminarios. Ya sabes lo que decía Jim Rohn, uno de los personajes de Aprendiendo de los mejores (Alienta, 8ª edición): «Los hombres de éxito tienen grandes bibliotecas; el resto, grandes televisores». Saca tú mismo las conclusiones.

  1. Falta de habilidades

La teoría es un factor acelerador del éxito, porque te permite saber por qué las cosas son como son, pero teoría sin práctica es utopía. Conocimiento no es sabiduría; sabiduría es hacer las cosas. Lo importante no es lo que lees y sabes sino lo que haces y consigues. El conocimiento para ser útil tiene que ser conocimiento práctico.

Este es el motivo explicativo del por qué mucha gente tiene muchos conocimientos (títulos/seminarios) pero pocos resultados (dinero). Les falta práctica y calle. Sólo se gana control ejecutando: a vender se aprende vendiendo; a conducir se aprende conduciendo; y a ser emprendedor montando empresas. La teoría toma forma y se consolida con la práctica.

  1. Falta de perseverancia

Woody Allen decía: «el 90% del éxito es insistir». Oscar Wilde afirmaba: «El éxito es una cuestión de perseverar cuando los demás han renunciado». Cela afirmaba: «Quien resiste, vence». Y Zig Ziglar sentenciaba: «No se desanime, a menudo es la última llave del llavero la que abre la puerta». Nosotros estamos de acuerdo con todas estas afirmaciones.

La experiencia dice que la gente se fija metas, se pone en marcha, pero en algún momento del camino, se cansa y abandona. Nada sale bien a la primera. La vida es una cuestión de ensayo y error hasta dar con la combinación que abre el candado. Siempre hay un número secreto, de lo que se trata es de encontrarlo. Perseverar para alcanzar es la fórmula.

  1. Falta de fe

A menudo, la gente desea cosas, pero cree que no son capaces de conseguirlas. Creen que están fuera de su alcance. Las ven muy lejanas. Creen que aquellos que consiguen resultados grandes son mejores, especiales o una especie de iluminados. Todo en esta vida es estudio y practica con un sentido claro de dirección obteniendo feed-back por el camino. Hasta lo más insospechado se hace realidad. La FE elimina todo tipo de límites.

De hecho, la definición de milagro es ésta: manifestación material de la FE. Los milagros, esos hechos excepcionales que no tienen explicación, existen porque alguien tuvo FE. No existen milagros sin FE. La FE es una colaboración con el Universo, con esa inteligencia superior que ordena el Universo y que pondrá en nuestro camino a las personas, ideas, recursos y circunstancias precisas para que lo que deseamos se haga realidad. Es la sincronicidad del Universo.

Ya lo dice uno de los textos clásicos: «De acuerdo a tu FE, así recibirás». Tu FE son tus creencias; y te conviertes en lo que crees, te guste o no. Quimby aseguraba con finura: «El hombre es una expresión de su creencia».

  1. Falta de deseo (ardiente)

No se trata de desear algo, sino de desearlo ardientemente (burning desire). No es lo que dices que quieres, es lo que sientes que quieres. El deseo auténtico es un pensamiento de conseguir algo magnetizado con la emoción y la FE.

Como se recoge en Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) con palabras de Napoleón Hill: «Un deseo débil trae resultados débiles de la misma forma que poco fuego da poco calor. Hay una cualidad que se debe poseer para ganar y es la claridad de propósito: saber qué se quiere y deseo ardiente por conseguirlo».

Es un deseo que trasciende todo. Es desear algo con toda tu alma. Ese deseo (ardiente) es el que te lleva a continuar cuando todo invitar a abandonar. Ese deseo es el que te lleva a seguir apretando los dientes, cuando a primera vista parece que las probabilidades están en tu contra. Es un deseo que sólo admite dos opciones: ganar o morir.

  1. Falta de claridad de metas

A veces el problema no está en que el deseo sea ardiente o no, sino que no se sabe lo que se quiere. Diversos estudios han concluido que el 97% de la población no sabe lo que quiere ni a dónde se dirige, y va deambulando y moviéndose por inercia, viviendo el día a día. Sólo el 3% tienen sus metas claras y por escrito.

Brian Tracy, otro de los personajes también incluidos en Aprendiendo de los mejores dice: «Una persona de inteligencia media con unas metas claras supera siempre a un genio que no sabe lo que quiere». Sólo cuando sabes lo que quieres puedes concentrar todas las energías y fuerzas hacia ese objetivo, de otro modo, las energías y fuerzas se dispersan.

¿Sabes por qué te sacaste una licenciatura universitaria? Porque decidiste lo que querías. ¿Sabes dónde has ido o dónde vas este verano de vacaciones? Porque lo decidiste dónde ibas. Y así con todo. Puedes llegar a cualquier sitio si lo has definido por anticipado, sólo es cuestión de encontrar los medios.

Tracy también escribe: «Vivir sin unas metas claras es como conducir en medio de una espesa niebla. No importa lo potente o bien construido que sea el coche, conduciremos con lentitud y vacilación, progresando muy poco, incluso en la mejor de las carreteras. Decidir nuestras metas hace que la niebla se disipe de inmediato y nos permite concentrarnos y canalizar nuestra energía y nuestros conocimientos».

  1. Falta de un plan de acción

Sin planes, uno va dando bandazos de un lado para otro, se convierte en una especie de veleta que se deja llevar por el viento que sopla en cada momento. Un plan es una estrategia que te permite pasar del punto A (dónde estás) al punto B (dónde quieres llegar a estar).

Los planes son el puente que conecta nuestros sueños con la realidad. Cualquier plan es mejor que ningún plan, porque, aunque no sea perfecto te lleva a actuar, y aunque las cosas no salgan bien a la primera, obtienes experiencia e inputs que te llevan a ejecutar con mayor precisión a la siguiente ve.

Como decía Edwin Land, fundador de Polaroid: «Un error es un acontecimiento cuyos beneficios todavía no se han convertido en ventaja». La gente ganadora siempre está fuerte orientada a dos cosas: qué quieren conseguir (metas) y cómo conseguirlo (planes). Tu plan es tu hoja de ruta. Fíjate en una licenciatura universitaria.

Al comienzo de tus estudios ya está trazado el plan para los próximos cuatro años: qué asignaturas cada año, cuáles cada cuatrimestre, cuáles son los horarios de cada una de ellos y cuándo los exámenes. Y tu ejecutas ese plan… y obtienes tu licenciatura. La gente no planifica, porque planificar exige esfuerzo y somos víctimas de la perecitis. No planificar es más cómodo que planificar.

 

Fuente: https://escuelapararicos.net/una-cosa-es-desear-algo-y-otra-estar-preparado-para-recibirla/