EL SIGLO XXI NOS ENFRENTA A LOS DESAFÍOS DE UN CAMBIO DE ERA

Por: Jaqueline Pels

https://www.grandespymes.com.ar/2019/10/29/el-siglo-xxi-nos-enfrenta-a-los-desafios-de-un-cambio-de-era/

Si a un señor feudal le hubiéramos dicho que en un futuro los reyes no serían las figuras políticas más importantes, que sus siervos iban a tener el derecho a voto igual que él, que el agro no sería el centro de la economía, que las ciudades albergarían la mayoría de la población, que los caballos no serían el medio de transporte y, que la comunicación no usaría por postas o palomas mensajeras; seguramente se hubiera reído cual si fuéramos bufones en su corte. Hoy estamos viviendo un cambio de era, un período de transición igual de radical. Estos momentos son excepcionales, la humanidad los ha transitado pocas veces. Vivirlo es un privilegio, pero, también, una incógnita.

Tanto desde la literatura de difusión (ej. autores como Yuval Harari con sus libros Sapiens y De Animales a Dioses), como desde la investigación académica (ej. estudiosos como Jan Rotmans de la Universidad de Erasmus), hay hipótesis que sugieren cómo podría ser este futuro. Estos escritos buscan mostrarnos el punto de llegada. El foco de este artículo no está en vislumbrar cómo será o debiera de ser el futuro; el foco es ayudarnos a transitar mejor el camino, poder entender el proceso de cambio de era.

Ya en 2015, el Papa Francisco I, remarco que no estamos viviendo una era de cambios sino un cambio de era. ¿Qué distingue una era de cambios de un cambio de era?

Primero, en las eras de cambio las transformaciones se aceleran, pero no modifican su lógica (por ejemplo, a lo largo del Siglo XX, los autos se vuelven tecnológicamente más sofisticados, pero no cambia el medio de transporte). Por el otro lado, los cambios de era tienden a ser procesos transversales. En el Siglo XXI los cambios trascienden las innovaciones tecnológicas y pasamos a la gestión del conocimiento (internet de las cosas, inteligencia artificial, blockchain) e involucra cambios en la comunicación (redes sociales, YouTube), en la economía, (el futuro del trabajo, Airbnb, Glovo), en la geopolítica (el Brexit, el auge de China, la caída del eje USA-Rusia), en la filosofía (la post modernidad, la verdad post-científica), en los objetivos colectivos (los nuevos objetivos de desarrollo sustentable de Naciones Unidas), en el arte (arte digital, realidad virtual), en la educación (formación continua), entre otros. Entonces, si en los cambios de era los procesos son transversales, se debe ser consciente que las lecturas parciales pueden ser equívocas. A veces, por el afán de concentrarnos en un tema (típico de la especialización que caracterizó el Siglo XX), perdemos de vista que las diversas fuerzas se presentan en modo interrelacionado, donde un cambio impacta y amplifica los otros. Por ejemplo, si tratáramos de circunscribir el fenómeno de #MeToo a un fenómeno de redes sociales sería una caracterización miope. #MeToo combina varios de los cambios mencionados: internet (tecnología), las redes sociales (comunicación), los objetivos de desarrollo sustentable de Naciones Unidas (objetivos colectivos), no reconocer fronteras ni estar alineado a ideologías políticas (cambios geopolíticos). Desde esta perspectiva, la tecnológica, si bien importantísima, es sólo un síntoma. Es, entonces, importante adoptar una mirada holística y sistémica.

Segundo, en las eras de cambio por su intenso ritmo, vemos en el transcurso de la vida de una persona, su nacimiento, desarrollo y madurez (por ejemplo, el surgimiento y desarrollo de la televisión). Alternativamente, en los cambios de era los tiempos son largos; son tiempos históricos. Tomemos el caso de la Revolución Francesa de 1789. Usualmente, la ubicamos como el fin de las monarquías totalitarias y como el hecho histórico que sienta las bases de la democracia moderna. Sin embargo, Francia, en los ochenta años sucesivos a la revolución francesa, pasa por siete regímenes políticos: tres monarquías constitucionales, dos repúblicas efímeras y dos imperios. Podemos afirmar que un ciudadano parisino seguramente se sintió confundido: sabía que habían decapitado al rey Luis XVI, pero ¿iban para adelante? ¿para atrás? ¿hacia el costado? En un mundo donde la inmediatez nos resulta tan natural, donde Google nos da la respuesta en nanosegundos, frente al cambio de era, tenemos que desarrollar la paciencia.

Por último, en las eras de cambio es relativamente fácil predecir el impacto del cambio (la introducción de Skype afecto en modo directo el negocio de llamados de larga distancia de las telefónicas). Sin embargo, en los cambios de era, es fácil ver lo que ya no es, pero, aún, no sabemos, que será. Entonces, los cambios de era se debe aceptar que “se está siendo” que, producto de las interrelaciones, intentar predecir su forma final, es -casi- un ejercicio inútil. Por ejemplo, ¿sabremos a ciencia cierta cómo será el futuro del trabajo? ¿Es correcto hacer una comparación con lo que fue la revolución industrial del Siglo XIX? ¿Serán las tareas netamente humanas, como el cuidado de las personas, las principales fuentes de trabajo? ¿Es necesario cambiar el sistema educativo? Si tratáramos de definirlo, seguramente, estaríamos en lo cierto por un breve período, pero equivocados respecto del resultado final. Retomemos el caso de las telecomunicaciones, soluciones que parecían novedades que iban a sustituir en modo permanente una tecnología (como ser Skype respecto del llamado internacional del teléfono de línea fijo) fueron rápidamente sustituidas por otras como WhatsApp. Hoy, sabemos que habrá más novedades en las comunicaciones interpersonales. Tomemos otro ejemplo, el cambio en las preferencias en las formas de alimentación (vegano, macrobiótica, vegetariano). Aún no es claro si una de todas estas tendencias se establecerá como el nuevo modo de alimentarse, si todas convivirán o si son la antesala de algo que aún no ha surgido. Lo único que sabemos es que es un repudio a la “vieja” forma de comer y, desde un lugar más profundo, una nueva forma de vincularnos con los otros seres con los que compartimos el planeta. Entonces, en los cambios de era el pensar que ‘hemos llegado’ es muy riesgoso porque crea falsas certezas. Sabemos convivir con cambios; debemos aprender a vivir en la incertidumbre.

Lejos de una mirada pesimista la invitación es a entender procesos más que buscar soluciones.

Comprender que todos los elementos que Zygmunt Bauman brillantemente sintetizó en la expresión de “sociedad líquida” y que pueden parecer negativos, son las características de una etapa de transición. Por ejemplo: los vínculos efímeros (en antítesis de los estables), el auge de los relatos (por sobre los “datos”), la velocidad con la cual los emprendimientos cambian y/o desaparecen (la vida promedio de una empresa en el Siglo XX era de 60 años; hoy es de 18 años, menos de un tercio), la descentralización (que implica pérdida de control), las nuevas formas de la gestión como el lean management, el fail fast, el canvas (frente a la planificación a largo plazo o las estructuras corporativas), entre otros.

Es darnos cuenta que no se puede cambiar de era sin que la anterior “ya no sea”. Implica entender que esta deconstrucción es indispensable y aceptar que la nueva era no ha, aún, encontrado su nuevo formato. Desde esta mirada, los relatos son experimentos, verbalizaciones de posibles futuros, los vínculos efímeros son intentos de nuevas formas de relacionarnos, la velocidad del ciclo de vida de las empresas representa ensayos de las nuevas formas de plantear soluciones, la descentralización impide que haya actores preponderantes que, por si solos, dirijan el cambio. En resumen, todas son maneras de fluir (líquidas como el agua) en búsqueda de, eventualmente, encontrar la nueva forma.

Un cambio de era es el periodo que se ubica entre dos apogeos. Por ejemplo, en el primer párrafo de la nota describimos las características del apogeo de la Edad Media. El apogeo de la Edad Moderna se caracterizó, entre otros aspectos, por el predominio de la ciencia por sobre la religión, cambios tecnológicos, el surgimiento de los estados nación. El tránsito entre uno y otro no fue fácil; éste cambio de era tampoco lo es y genera, simultáneamente, sensaciones encontradas: ilusión por las mejoras que se vislumbran e incertidumbre por la desorientación que acarrean. Sin embargo, si nos quedamos atados al pasado, no dejamos que llegue el futuro. Hay que trabajar para armar ese futuro y no para mantener el pasado. En resumen, esta nota es una invitación a mirar al presente desde la lógica del Siglo XXI y no desde el pensamiento del Siglo XX.

 

Doctora en Investigación de Gestión, Universidad de Leicester; profesora de Marketing en la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella

 

Fuente https://www.lanacion.com.ar/opinion/irilisis-dolorti-scilla-alit-ulla-facilla-feu-feugait-la-feu-facilel-siglo-xxi-nos-enfrenta-a-los-desafios-de-un-cambio-de-eratissequi-blam-non-vel-diam-niscipis-dunt-niscipit-alis-at-nid2290954

COMO EN EL FÚTBOL, LA ACTITUD ES LA DIFERENCIA

Y sí, esta entrada es sobre la actitud emprendedora; además, en épocas de crisis es todavía más importante para poder sobrevivir y salir adelante.

 

Y TÚ, ¿EN QUÉ CONFÍAS PARA LOGRAR SER DIFERENTE?

POR CECILIA DURÁN MENA

https://www.grandespymes.com.ar/2019/09/24/y-tu-en-que-confias-para-lograr-ser-diferente/

Es importante entender en qué elemento vamos a poner nuestra ventaja competitiva para rodearla de aquellos elementos que la hagan germinar y florecer, en vez de asfixiarla, inhibirla y matarla.

Una de las verdades de Perogrullo es que muchos mienten para pertenecer. Nadie lo quiere admitir, pero basta poner atención para darnos cuenta. Hay personas que se visten de determinada forma, no porque les guste, sino porque quieren agradar a alguien; conocemos a tantos empleados que juegan golf y no tenis, porque a su jefe le gusta y encierran las raquetas en el clóset en donde se llenan de polvo; vemos a tantos hombres y mujeres con voces afectadas, poses prestadas, actitudes fingidas que llama la atención. Es cuestión de fijarse: al ir a un restaurante parece que los hombres y mujeres van uniformados, en la cola para comprar un café nos topamos con el mismo tono de personas, en la oficina vemos una serie de repeticiones humanas y todo parece como una enorme masa de gris que no se matizan. Por pertenecer, se pierden en un sinfín de igualdades cuando lo importante es destacar. Lo importante es saber qué elemento vamos a elegir para sobresalir. Es decir, ¿en qué vamos a confiar para forjar nuestra ventaja competitiva?

Imaginemos que frente a nosotros está una hilera de manzanas rojas prácticamente iguales. ¿Cuál elegirías: la del extremo derecho, la del izquierdo, ¿la del centro? Cada quién dará sus respuestas. Sin embargo, si a esa hilera le agregamos una manzana amarilla, esa destacaría. Algunos la elegirán por el color, otras por el sabor, a otras les dará miedo y se quedarán con alguna de las rojas, pero nadie dejará de percibir la diferencia de la manzana que no es igual a las demás. ¿En qué piensas que confió esa manzana para destacar? Al final, esa respuesta nos lleva a reflexionar que siempre hay una característica que tenemos que nos puede ayudar a destacar. Siempre nos han dicho que cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles. Entonces, ¿cómo es posible que día a día nos topemos con tantos personajes y productos tan olvidables?

Los pilares para construir una ventaja competitiva funcionan de la misma manera para una persona que para un producto, un servicio, una marca o una institución. La ventaja competitiva es la capacidad de un ente para destacar por encima de otros que hacen lo mismo o algo parecido, es decir, es la cualidad que me hace ser preferido por encima de los demás competidores directos o sustitutos. Cada uno tenemos ciertas cualidades o defectos que nos sirven de base para construir ese rasgo destacado. Lo importante es conocerlo para nutrirlo.

Tristemente, muchas personas desconocen cuáles son los cimientos con los que cuentan para construir una ventaja competitiva. El peligro es que al no conocerlo corren el riesgo de estar tapando, inhibiendo, destruyendo lo mejor que tienen para destacar. Por eso vemos a tantas personas que se esfuerzan a diario por encajar y les tengo malas noticias: no les va a servir. Las piezas de un rompecabezas deben de encajar en forma suave. Cuando las tratamos de meter a fuerzas, no funciona. Pasa lo mismo que en el cuento de la Cenicienta con las hermanastras: intentan que la zapatilla de cristal les ajuste y por más que intenten, ese pie nunca va a entrar ahí.

Recuerdo que mi mejor amiga me contó que, cuando era niña y la llevaban a comprar zapatos, ella siempre salía con dolor de cabeza. A lo largo de los años, se acostumbró a que salir de la zapatería significaba salir con jaqueca. Ya como adulta, fue a comprar un par de zapatos y pidió el número de toda la vida. La dependienta le vio el pie y le dijo que ni de broma esa era la medida correcta. Mi amiga se enojó, pero la vendedora no se amedrentó, trajo su regleta y le midieron el pie. Entonces, mi amiga se dio cuenta de que, por muchos años, había estado comprando zapatos más chicos, que la medida adecuada era más grande. Se aguantó a vivir con un horizonte más pequeño del que requería y eso fue doloroso. Hasta que se enteró de su grandeza y compró lo que era para ella. El alivio de salir de la zapatería sin dolor de cabeza es equiparable a la dolencia —explícita o no de quién miente para pertenecer. Mi amiga no se dio cuenta de lo maravilloso que era conocer sus propias dimensiones hasta que las experimentó.

Por eso, es importante saber en qué confiamos para poderlo cuidar y hacer crecer. Cuidado, al elegir nuestro elemento diferenciador debemos ser muy honestos con nosotros mismos y no podemos ser ingenuos. Hay quienes confían en su belleza y está bien, entonces hay dos caminos: entender que ese elemento cambia con la edad y, algunas veces, se acaba. Hay quienes confían en una herencia y también está bien, siempre y cuando el legado llegue —conozco muchos casos de gente que se ha quedado esperando— y que cuando sea el momento, se sepa administrar. Hay quienes confían en su actitud, en su condición física, en su carisma, en su inteligencia. Todos estos elementos son correctos, siempre y cuando seamos conscientes de ello para cuidarlos, preservarlos y saberlos usar. No usa los mismos mecanismos quien confía en la belleza que quien confía en la inteligencia; no trabajan igual los que destacan por su bondad que los que lo hacen por su eficiencia.

Incluso, hay ventajas competitivas que se construyen a partir de elementos controversiales. Por ejemplo, Nick Kyrgios, el tenista australiano de padre griego y madre malaya es un jugador muy rápido, con tiros certeros. Su ventaja competitiva está construida alrededor de su actitud. Es un hombre sumamente agresivo cuya actitud raya en la patanería. Independientemente de si nos gusta el estilo o no, a él le funciona. Sabe meterse en la mente de sus adversarios, los desespera con esa manera de ser grosera, los desconcentra y les gana. Podemos criticar sus modales, pero este jugador es un hombre que destaca, tiene un estilo único y a su favor tiene el mérito de ser auténtico. No miente para pertenecer. Por supuesto, resulta obvio decir que la construcción de un rasgo distintivo causa mejores impresiones cuando se construye a partir de una cualidad que de un defecto. Sin embargo, lo que no funciona es construir nuestra diferenciación a partir de un rasgo falso. No funciona porque se nota.

La ventaja competitiva debe ser honesta. Cada ser humano, cada producto, cada institución se puede equiparar con un instrumento. Si yo estoy invitada a participar en el concierto de la vida y soy un piano, por más que intente sonar como flauta no voy a poder: voy a desafinar. Voy a perder recursos en tratar de ser una flauta, cuando debiera usarlos para producir la mejor nota que un piano puede ofrecer. Si soy una sinfonía y quiero parecer una cumbia, se va a notar. Entonces, en vez de desperdiciarme tratando de sonar como lo que no soy, buscando ser aceptada por otras cumbias que verán que no soy como ellas, lo mejor es entender que sí soy y destacar por lo que me es inherente y me sale más fácil y mejor.

Por eso es importante entender en qué elemento vamos a poner nuestra ventaja competitiva para rodearla de aquellos elementos que la hagan germinar y florecer, en vez de asfixiarla, inhibirla y matarla. El gris puede ser un color hermoso, si ese es el que elegimos en consciencia. Si es impuesto, puede ser una carga pesada que vamos arrastrando inútilmente. La cosa es al revés, lo mejor es distinguirnos en forma natural para avanzar ligeros, rápido, crecer y ser preferidos.

Fuente: https://www.forbes.com.mx/y-tu-en-que-confias-para-lograr-ser-diferente/

UNA COSA ES DESEAR ALGO Y OTRA ESTAR PREPARADO PARA RECIBIRLA

Nuevamente encontré un tema que me sonó como elemento fundamental de una de las categorías que incluí en mi blog de Kusca: la actitud emprendedora. El título es una síntesis perfecta de una situación que enfrentan muchos emprendedores al intentar desarrollar su proyecto.

Que les sea útil.

 

UNA COSA ES DESEAR ALGO Y OTRA ESTAR PREPARADO PARA RECIBIRLA

Por Francisco Alcaide Hernández

https://www.grandespymes.com.ar/2019/09/09/una-cosa-es-desear-algo-y-otra-estar-preparado-para-recibirla-2/

Las leyes espirituales señalan que todo ocurre en el momento oportuno. Por eso, una cosa es desear algo y otra estar preparado para recibirla. Lo explicaremos con una metáfora. Quién eres, podríamos representarlo con un cuenco (tu preparación), mientras que el contenido (oportunidades) vendría a ser lo que se vierte sobre el cuenco.

Si la cantidad que se vierte excede el tamaño del cuenco, la conclusión es evidente: el agua se desborda. Ya hemos dicho que el problema nunca es el tamaño del problema, el problema es tu tamaño. Cuanto mayor es el desarrollo personal de una persona, mayores retos, desafíos y responsabilidades puede asumir.

Por decirlo de algún modo: es muy difícil que juegues en primera división cuando ni siquiera eres capaz de hacer un buen partido en segunda división; es muy difícil que seas capaz de administrar un millón de euros cuando ni siquiera puedes gestionar dos mil euros y se te van de las manos; es muy difícil que te ofrezcan una conferencia ante un auditorio de mil personas si no tienes el valor de hablar delante de quince personas.

En cierta ocasión, charlando con Emilio Butragueño, Director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, le comentaba que me sorprendía como a veces gente muy joven debutaba en el primer equipo (por ejemplo, Raúl González que debutó con 17 años) sin teóricamente estar su cuerpo formado o por la presión de esas situaciones. Y esto fue lo que me contestó:

— La vida casi nunca te pone delante de retos para los que no estás preparado.

Así es. Y si por algún motivo fuese, el desenlace no es difícil de pronosticar: fracaso… y volver a empezar. Desde aquí muchas veces hemos repetido esta afirmación:

Si tu vida no es como te gustaría que fuese, hay algo que no sabes o no estás haciendo bien

Si uno acepta esta afirmación y pone la responsabilidad de su vida sobre sus espaldas —autorresponsabilidad como primer requisito para triunfar—, habrá que indagar las causas (los porqués) de por qué nuestra vida no es como nos gustaría que fuese. Aquí van sólo algunas pistas:

  1. Falta de conocimientos

Parece obvio, pero algunas personas lo olvidan. Si quieres diseñar una casa, tienes que saber de arquitectura para trazar los planos; si quieres defender a un acusado, tienes que saberte las leyes penales de cabo a rabo. Esto es evidente en algunas profesiones, pero no tanto en otras menos reguladas: vendedor, empresario o conferenciante, por señalar algunas.

Dicho de otra manera: estudia todo lo que puedas sobre lo tuyo; lee, ve vídeos, asiste a seminarios. Ya sabes lo que decía Jim Rohn, uno de los personajes de Aprendiendo de los mejores (Alienta, 8ª edición): «Los hombres de éxito tienen grandes bibliotecas; el resto, grandes televisores». Saca tú mismo las conclusiones.

  1. Falta de habilidades

La teoría es un factor acelerador del éxito, porque te permite saber por qué las cosas son como son, pero teoría sin práctica es utopía. Conocimiento no es sabiduría; sabiduría es hacer las cosas. Lo importante no es lo que lees y sabes sino lo que haces y consigues. El conocimiento para ser útil tiene que ser conocimiento práctico.

Este es el motivo explicativo del por qué mucha gente tiene muchos conocimientos (títulos/seminarios) pero pocos resultados (dinero). Les falta práctica y calle. Sólo se gana control ejecutando: a vender se aprende vendiendo; a conducir se aprende conduciendo; y a ser emprendedor montando empresas. La teoría toma forma y se consolida con la práctica.

  1. Falta de perseverancia

Woody Allen decía: «el 90% del éxito es insistir». Oscar Wilde afirmaba: «El éxito es una cuestión de perseverar cuando los demás han renunciado». Cela afirmaba: «Quien resiste, vence». Y Zig Ziglar sentenciaba: «No se desanime, a menudo es la última llave del llavero la que abre la puerta». Nosotros estamos de acuerdo con todas estas afirmaciones.

La experiencia dice que la gente se fija metas, se pone en marcha, pero en algún momento del camino, se cansa y abandona. Nada sale bien a la primera. La vida es una cuestión de ensayo y error hasta dar con la combinación que abre el candado. Siempre hay un número secreto, de lo que se trata es de encontrarlo. Perseverar para alcanzar es la fórmula.

  1. Falta de fe

A menudo, la gente desea cosas, pero cree que no son capaces de conseguirlas. Creen que están fuera de su alcance. Las ven muy lejanas. Creen que aquellos que consiguen resultados grandes son mejores, especiales o una especie de iluminados. Todo en esta vida es estudio y practica con un sentido claro de dirección obteniendo feed-back por el camino. Hasta lo más insospechado se hace realidad. La FE elimina todo tipo de límites.

De hecho, la definición de milagro es ésta: manifestación material de la FE. Los milagros, esos hechos excepcionales que no tienen explicación, existen porque alguien tuvo FE. No existen milagros sin FE. La FE es una colaboración con el Universo, con esa inteligencia superior que ordena el Universo y que pondrá en nuestro camino a las personas, ideas, recursos y circunstancias precisas para que lo que deseamos se haga realidad. Es la sincronicidad del Universo.

Ya lo dice uno de los textos clásicos: «De acuerdo a tu FE, así recibirás». Tu FE son tus creencias; y te conviertes en lo que crees, te guste o no. Quimby aseguraba con finura: «El hombre es una expresión de su creencia».

  1. Falta de deseo (ardiente)

No se trata de desear algo, sino de desearlo ardientemente (burning desire). No es lo que dices que quieres, es lo que sientes que quieres. El deseo auténtico es un pensamiento de conseguir algo magnetizado con la emoción y la FE.

Como se recoge en Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) con palabras de Napoleón Hill: «Un deseo débil trae resultados débiles de la misma forma que poco fuego da poco calor. Hay una cualidad que se debe poseer para ganar y es la claridad de propósito: saber qué se quiere y deseo ardiente por conseguirlo».

Es un deseo que trasciende todo. Es desear algo con toda tu alma. Ese deseo (ardiente) es el que te lleva a continuar cuando todo invitar a abandonar. Ese deseo es el que te lleva a seguir apretando los dientes, cuando a primera vista parece que las probabilidades están en tu contra. Es un deseo que sólo admite dos opciones: ganar o morir.

  1. Falta de claridad de metas

A veces el problema no está en que el deseo sea ardiente o no, sino que no se sabe lo que se quiere. Diversos estudios han concluido que el 97% de la población no sabe lo que quiere ni a dónde se dirige, y va deambulando y moviéndose por inercia, viviendo el día a día. Sólo el 3% tienen sus metas claras y por escrito.

Brian Tracy, otro de los personajes también incluidos en Aprendiendo de los mejores dice: «Una persona de inteligencia media con unas metas claras supera siempre a un genio que no sabe lo que quiere». Sólo cuando sabes lo que quieres puedes concentrar todas las energías y fuerzas hacia ese objetivo, de otro modo, las energías y fuerzas se dispersan.

¿Sabes por qué te sacaste una licenciatura universitaria? Porque decidiste lo que querías. ¿Sabes dónde has ido o dónde vas este verano de vacaciones? Porque lo decidiste dónde ibas. Y así con todo. Puedes llegar a cualquier sitio si lo has definido por anticipado, sólo es cuestión de encontrar los medios.

Tracy también escribe: «Vivir sin unas metas claras es como conducir en medio de una espesa niebla. No importa lo potente o bien construido que sea el coche, conduciremos con lentitud y vacilación, progresando muy poco, incluso en la mejor de las carreteras. Decidir nuestras metas hace que la niebla se disipe de inmediato y nos permite concentrarnos y canalizar nuestra energía y nuestros conocimientos».

  1. Falta de un plan de acción

Sin planes, uno va dando bandazos de un lado para otro, se convierte en una especie de veleta que se deja llevar por el viento que sopla en cada momento. Un plan es una estrategia que te permite pasar del punto A (dónde estás) al punto B (dónde quieres llegar a estar).

Los planes son el puente que conecta nuestros sueños con la realidad. Cualquier plan es mejor que ningún plan, porque, aunque no sea perfecto te lleva a actuar, y aunque las cosas no salgan bien a la primera, obtienes experiencia e inputs que te llevan a ejecutar con mayor precisión a la siguiente ve.

Como decía Edwin Land, fundador de Polaroid: «Un error es un acontecimiento cuyos beneficios todavía no se han convertido en ventaja». La gente ganadora siempre está fuerte orientada a dos cosas: qué quieren conseguir (metas) y cómo conseguirlo (planes). Tu plan es tu hoja de ruta. Fíjate en una licenciatura universitaria.

Al comienzo de tus estudios ya está trazado el plan para los próximos cuatro años: qué asignaturas cada año, cuáles cada cuatrimestre, cuáles son los horarios de cada una de ellos y cuándo los exámenes. Y tu ejecutas ese plan… y obtienes tu licenciatura. La gente no planifica, porque planificar exige esfuerzo y somos víctimas de la perecitis. No planificar es más cómodo que planificar.

 

Fuente: https://escuelapararicos.net/una-cosa-es-desear-algo-y-otra-estar-preparado-para-recibirla/

STARTUPS: CINCO FORMAS DE VENCER A LAS GRANDES COMPAÑÍAS

Esta es una realidad que enfrentan los que deciden ser emprendedores, sobre todo en proyectos de innovación tecnológica, en estas épocas de enormes corporaciones que concentran el mercado.

Pero el planteo del autor es real, es más, muchas de las enormes y exitosas empresas de hoy nacieron de una idea proyecto emprendedora que generó una startup pequeña, y que se desarrolló de manera extraordinaria.

Por eso, comparto con uds. , la nota siguiente: que les sea útil.

 

Por Ravin Gandhi

https://www.grandespymes.com.ar/2019/09/07/startups-5-formas-de-vencer-a-las-grandes-companias-2/

Una de las cosas más intimidantes a la que se enfrentan los emprendedores es el hecho de que algunos de sus competidores son compañías multimillonarias.

Todos conocen la historia de David y Goliat; en ocasiones, el más desfavorecido es el que gana. Pero, en el mundo real, los gigantes suelen ganar la mayoría de las veces (si no es que todas).

Ésta fue una realidad con la que me enfrenté en 2007 cuando creé GMM Nonstick Coatings, una empresa manufacturera de recubrimientos antiadherentes para utensilios de cocina y electrodomésticos. Éramos una startup: no teníamos empleados, clientes ni productos. Nuestro competidor principal era DuPont, cuya marca multimillonaria Teflon ha estado presente en los hogares durante décadas.

Otros competidores de la industria eran subsidiarios de conglomerados globales, y tenían instalaciones que parecían museos. Recuerdo recorrer algunas ferias con nada más que una maleta pequeña, incapaz de concertar citas y preguntándome qué pasaba por mi cabeza.

No obstante, en los últimos ocho años, mi socio y yo hicimos de nuestra compañía una de las compañías de recubrimientos antiadherentes más grandes del mundo.

¿Cómo lo logramos? Abajo, cinco principios que nos ayudaron a vencer a nuestros grandes competidores:

  1. Actúa rápido

Claro, las grandes empresas tienen muchos recursos. Pero, ¿sabes qué más tienen? Mucha burocracia. En otras palabras: son lentas. Y si hay algo que odian los clientes es el servicio lento.

Nosotros construimos nuestra compañía con una cultura de rapidez: respondíamos los correos en cuestión de minutos, entregábamos muestras en cuestión de semanas en lugar de meses y empoderamos a un equipo de ventas fantástico para que tomara decisiones en el momento.

Las grandes compañías rara vez son rápidas en sus procesos, así que saca provecho de esta debilidad al crear el ADN de tu negocio.

  1. Sé implacable

Al principio acostúmbrate a escuchar “no” con frecuencia, pero no pierdas la motivación. Sigue encontrando motivos para conocer clientes nuevos.

Por otro lado, muchas compañías grandes se duermen en sus laureles y toman a sus clientes por sentado. Aprovecha esta debilidad para tratar a los tuyos como merecen y destacar.

  1. Nunca te intimides

Todos saben que eres una compañía pequeña, pero no tienes que actuar como tal. El que tu competencia gaste cientos de millones de dólares en investigación y desarrollo o mercadotecnia no quiere decir que sea mejor que tú. Contrata superestrellas que sepan cómo desarrollar productos fantásticos y que se sientan apasionadas por tu negocio. Esto demostrará que eres un verdadero líder.

Irradia seguridad en ti mismo, sé inteligente, exige que se lleven a cabo las acciones que planteas y cree en el poder de establecer metas (y cumplirlas).

Si crees que tus competidores más grandes no tienen posibilidad de vencerte, algún día no podrán hacerlo.

  1. Escucha

Las grandes compañías pueden ser sorprendentemente sordas y no conocer o interesarse por los deseos de sus clientes. Muchas veces ni siquiera están dispuestas a modificar sus productos, aunque sus clientes se los rueguen.

Como líder de un negocio pequeño, haz justo lo contrario: crea una razón de ser que esté obsesionada con el cliente. Personaliza en la medida de lo posible y, sobre todo, ESCUCHA tus clientes. Ellos te dirán qué es exactamente lo que quieren, sólo deberás atenderlos.

Los clientes adoran a los proveedores que saben resolver sus problemas. Y resolver un problema comienza con escuchar.

  1. Entiende que las cosas no suceden de la noche a la mañana

Nos llevó ocho años expandir nuestro negocio hasta el tamaño que tiene ahora. Sin embargo, desde el principio teníamos la visión clara de hacia dónde íbamos.

No te desmotives si las primeras 10, 20 o 100 llamadas de ventas no se concretan; un día algo inesperado sucederá y catapultará tu negocio. Una vez que eso suceda, trabaja aún más duro. Nunca des nada por sentado. Después de pasar por varias etapas de crecimiento, te enfrentarás a otro problema: ya no serás una compañía pequeña, y tendrás que aprender cómo escalar. Pero ése es un tema para otro día.

Fuente: https://escuelapararicos.net/startups-5-formas-de-vencer-a-las-grandes-companias/?utm_source=EPR&utm_medium=ReadBox&utm_campaign=Email

APORTES PARA UNA ACTITUD EMPRENDEDORA: LA DECISIÓN

Esta categoría de mi blog de Kusca fue incluida desde que lo creé, pero no había hecho ninguna entrada, llevado por la voluntad de hacer aportes técnicos para los interesados en emprendedurismo. Sin embargo, no tengo ninguna duda de que la actitud emprendedora es clave, y, en muchos casos, la diferencia entre el éxito y el fracaso. Por eso, cuando me encontré con la nota de abajo, me pareció que era el momento de empezar a publicar sobre este tema.

Espero que les interese, es muy importante.

VE POR ELLO… ¡AHORA!

Por Dave Edwards

https://www.grandespymes.com.ar/2019/09/02/ve-por-ello-ahora/

«Las personas son extrañas: Están constantemente enojados por cosas triviales, pero en una cuestión importante como desperdiciar sus vidas, apenas parecen darse cuenta.» – Charles Bukowski

Sí, la gente es extraña. Tú, yo, y todos los demás; Todos somos culpables de desperdiciar nuestras vidas. Sudamos por las cosas pequeñas, mientras perdemos de vista nuestros sueños. Si tienes suerte, te darás cuenta de esto antes de que sea demasiado tarde y no tendrás que pasar esos momentos finales preguntándote «¿si sólo hubiera…?»

No puedo pensar en nada más que me llene de tal pavor.

¿Yo? Sueño con disfrutar de mis ingresos pasivos, desde una playa tropical; en una mano un gran libro, en la otra un fuerte ron local. Voy a comprar un mono como mascota y sorber fideos picantes de los vendedores de comida callejera para el desayuno antes de montar grandes olas al atardecer.

Pero si no tienes absolutamente idea de qué es lo que realmente quieres hacer con tu vida, te sugiero que te sumerjas por completo en el proceso de algo (cualquier cosa) cuerpo, mente y alma. ¿Y si no encuentras la felicidad que buscas? Sigue adelante e intenta algo más. Y luego repite.

La alternativa es ser absorbidos por trivialidades y mierdas que tienen la mala costumbre de infiltrarse en nuestras vidas; desperdiciando precioso tiempo y energía en asuntos que no importan ni jota.

Pero ¿cómo medir la alegría, la felicidad y el éxito? ¿Cuál es el barómetro para una gran vida? Trata de imaginar por un momento el niño que una vez fuiste…

¿Sonreiría ese niño con orgullosamente y te guiñaría descaradamente el ojo el día que finalmente dejes esta vida? ¿O derramaría lágrimas de arrepentimiento por lo que te has vuelto?

Quiero que realmente pienses en eso por un momento; los sueños, la emoción y el asombro que alguna vez fueron parte vital de tu imagen como un joven ser humano…

Siguen allí, en todos nosotros. Es sólo que de alguna manera lo hemos olvidado en algún lugar a lo largo del camino.

¿Qué te da alegría?

Para realizar cualquier tipo de cambio significativo en tu vida, tienes que aceptar que habrá dolor. Habrá resistencia; de familiares, amigos y de todos los rincones imaginables. Las personas a menudo se sienten aterrorizados y amenazados por el cambio. Llevan las cicatrices de una vida conservadora, la ingeniería social que ahoga los pensamientos creativos y originales.

Sí, todos queremos ser queridos.

Ansiamos la aceptación y queremos que nuestros amigos y familia estén orgullosos de nosotros. Queremos que nos noten; por las razones correctas. Y, sin embargo, vivir para complacer y cumplir con las expectativas de los demás es un billete de ida a la mediocridad e infelicidad.

Ellos no quieren que hagas esto. No quieren que cambies. Ello pondría a prueba su limitada comprensión sobre la vida y los obligaría a cuestionar su propia existencia. Puede que tengas que hacer esto completamente por tu cuenta. Y no será fácil.

Pero lo que hace que todo el dolor, el sufrimiento y el trabajo duro valgan la pena, es encontrar tu propósito. Tienes que encontrar lo que amas, y perseguirlo.

El concepto de «coaching de vida» ha explotado de popularidad en los últimos años; sostenida por la necesidad de encontrar respuestas significativas. ¿Por qué tengo tanto, pero conservo tan poco? ¿Por qué teniendo un trabajo tan bien pagado, una hermosa esposa, dos niños sanos, una casa en la playa y vacaciones anuales en familia, sigo sintiéndome como una mierda?

Déjame preguntarte esto:

Si supieras que sólo tienes una cantidad limitada de tiempo de vida (que lo tienes), ¿Cuánto tiempo crees que pasarías sentado en un escritorio haciendo un trabajo que odias? ¿O desplazando las actualizaciones de Facebook de tus amigos?

No deberías pasar nada de tiempo detrás de una maldita mesa. No deberías pasar nada de tiempo haciendo un trabajo que odias, nada de tiempo actualizando tu estado empapado de Gin sobre tu melancólico divorcio.

Vivimos en un mundo en el que todos estamos buscando algún escurridizo y místico significado de nuestras vidas. Quiero decir, vamos a trabajar felizmente para ser un mejor, y más atento padre. Vamos a comernos la cabeza de una lechuga si eso significa que vamos a bajar algunos dígitos nuestro colesterol. Abriremos de buena gana nuestras mentes a la promesa del Lejano Oriente y nos meteremos un poco en eso del yoga. Tal vez incluso meditaremos. Demonios, vamos a medicarnos de verdad con eso (lo que sea que signifique) lo que sea para aliviar el dolor y seguir ignorando el gran elefante en la habitación.

¿Qué es lo que realmente quieres hacer? ¿Qué es lo que realmente amas?

Porque a menos que realmente lo estés haciendo, todas las píldoras, pociones, afirmaciones y retiros espirituales que puedes hacer en tu corta vida, no arañarán ni la superficie de lo que realmente quieres.

Estamos aplastados y congelados por un miedo irracional a las implicaciones del fracaso; imaginario o no. Pero no hay ni logros ni fracaso.

Sólo la maravillosa perspectiva de morir contento. Sin arrepentimientos.

Lo que siga merodeando en lo profundo de tu mente; hazlo. Y al diablo con las consecuencias.

La alternativa es que sigas leyendo artículos como este dentro de diez años… trabajando en un trabajo que odias… para un jefe que desprecias … con una pareja a la que culpas… un teléfono pegado a tu oreja… mientras haces felices a los demás; y orgullosos de ti.

No hay una respuesta única correcta…

Rara vez una llamada o vocación te sigue todo el camino hasta la tumba. Del mismo modo que no hay vuelta equivocada en tu viaje; sólo el camino que no te atreviste a tomar. La respuesta se encuentra en el proceso. Encuentra tus pasiones y persíguelas; a través de los buenos y malos momentos. Trabaja, adapta, modifica, perfecciona y refina.

Si te gusta escribir; entonces debes escribir. Derrama sangre en la página.

Si te sientes atrapado y enjaulado por las expectativas sociales, y asfixiado por los suburbios, toma un vuelo. Viaja; a lo largo y ancho.

¿Amaste pintar alguna vez, pero no armaste un caballete en años… o décadas? Entonces compra uno, mendiga o pide prestado los materiales que necesitas y pinta toda la noche, arroja tus tripas al lienzo. Crea un producto hermoso y único.

Nacimos como un producto hermoso y único de la evolución. Y sabemos a ciencia cierta que la muerte llegará pronto.

Por lo que ¿No sería una tragedia que no seamos capaces de cumplir con lo que todavía nos queda?

 

Fuente: https://escuelapararicos.net/ve-por-ello-ahora/